Por José Antonio Luna
Se destacaba en el librero desde lejos. Era un enorme libro de los que llamamos gordos; con curiosidad, atraído por la dimensión del ejemplar le pregunté a la pintora Mariadilia Martínez, viuda del pintor César Caracas ¿qué libro es ese? Sonriente la pintora y poeta extrajo del librero el inmenso volumen, y me dijo: es el libro LA NOVELA DE LA POESIA de Omar d´Leon (Managua, Nicaragua 1929-Camarillo, California, 2022). Yo rápidamente lo tomé y empecé a ojearlo junto con mi esposa Lidia. Agregó Mariadilia: me lo dio Omar, la otra vez que vino por aquí.
LA NOVELA DE LA POESIA, es un enorme libro de casi 900 páginas, con XXIII capítulos y 1360 poemas que abarcan desde 1949 hasta 1990, en un intenso torbellino de visiones de un mundo maravilloso lleno de la inspiración del genial pintor y poeta nicaragüense, Omar d’León que escribió: a la tristeza, a la flor, el perro, la mujer, la belleza, el sol, la luna, las estrellas, la pureza, el dolor, la vida, la muerte, el sexo, la libertad y especialmente al amor sin límites.
Omar residía desde hacía décadas en Camarillo, California, donde finalmente exhaló el último suspiro y donde realizo sus mejores obras. Con su monumental poemario, d´León establece un récord de versos,1360 poemas- en un recorrido trepidenante desde lo divino a lo mundano y profano, que contrasta con la brevedad de otro poeta raro Carlos Martínez Rivas, que dejó para la posteridad su Insurrección Solitaria y uno que otro pequeño poemario. Prolífero indudablemente en el lienzo, d´León creo un arsenal de cuadros, algunos están ahora en colecciones privadas, otras en museos y otras en poder de sus herederos.
Antes de la novela de la poesía, Omar d’Leon ha publicado poemarios como el poco conocido: La piel del signo.
El poeta Erwin Silva, en el prólogo del poemario La Piel del signo, editado en México en 2005, dice de Omar d´Leon: «La poesía de Omar entraña un tejido de relaciones con los universos sutiles y materiales en el que nada humano es extraño y el mundo de la cultura y de la geografía de las pasiones, fundamenta y atraviesa toda su obra sin olvidar las raíces de su canto que penetran lo telúrico y se sumergen en lo marino».
Omar d’Leon, deja también, una abundante colección de dibujos, bocetos, y caricaturas en libros y revistas que ilustró durante su dilatada carrera. Era muy solicitado por sus amigos poetas para que les ilustrara sus libros con dibujos, caricaturas y dedicatorias. Ilustró la Revista Ventana de los poetas leoneses de la época de los 60s. A un poeta al que le adornó varias portadas de libros fue a Guillermo Menocal a quien le ilustró las obras: Rencuentros, Relacortos y Sucesos– (obra bilingüe) Events, obra de Menocal que el cuentista y crítico literario mexicano Lauro Zavala llamó “una estética de la sordidez”. Hay muchos dibujos de Omar en libros y periódicos de Nicaragua, California y revistas especializadas en el arte pictórico de diferentes países.
Omar d´Leon tuvo la característica de compartir con poetas, pintores y artistas teatrales. Era asiduo visitante a la casa de su amigo de la juventud el pintor y poeta granadino, Kiko Fernández quien era el anfitrión de las famosas tertulias literarias de los sábados a la que asistían intelectuales de todo el país.
Omar d´León Lacayo-Estrada es de la escuela clásica de la pintura nicaragüense-Bellas Artes-de Rodrigo Peñalba. De donde salieron los mejores pintores: César Caracas, Leoncio Sáez, Genaro Lugo, Alejando Arostegui, Leonel Vanegas, Orlando Sobalbarro y otros, que han trascendido las fronteras como Armando Morales cotizado y exhibido en grandes galerías. Definido como Impresionista, d’León, todo lo miraba con ojos de poeta, con la frescura de un niño y con el alma de los ángeles.
A este personaje de la Vieja Managua, más conocido por pintor que por poeta, lo vi una vez, en los días de bohemia antes del terremoto de 1972, en la calle del Triunfo, una calle corta, pero llena de historia en ella estaba: El diario La Prensa, La Alianza Francesa, El Palacio de comunicaciones, y cerca de la famosa cafetería La India.
Sobre la pintura y poesía de Omar d´Leon han corrido ríos de tinta.
El poeta Álvaro Urtecho, fallecido prematuramente, escribió con motivo de la publicación de La piel del signo: Como su pintura, su poesía es sensual, jubilosa, celebratoria, telúrica, epifánica, exaltadora de la naturaleza (mares, frutas, cuerpos, etc.) la de la geografía patria. Una especie de Whitman con mayor sensualidad, y cultor también de la forma breve a lo Omar Khayam, su homónimo, o a lo Kavafis. Sus versos están llenos de color múltiple y variado, lo cual no es de extrañar teniendo en cuenta el intenso cromatismo de su obra plástica. Todo en sus textos apunta a la exaltación de vivir, a la fiesta de los sentidos.
El novelista Sergio Ramírez Mercado, amigo desde la juventud de Omar d´León en una reseña de la NOVELA DE LA POESIA escribió: “De modo que esta Novela de la poesía, siendo una novelade caballería, y una caballería de la poesía, la obra de un mester de juglaría que nunca ha dejado de ver el mundo con asombro, es también un libro de la pasión, por la vida cercana y lejana, por la naturaleza que aturde los sentidos, por la nostalgia del pequeño país natal escondido entre la bruma, por la sensualidad siempre despierta, por la carne que tienta con sus frescos racimos y por aquella Otra que aguarda con sus fúnebres ramos, por todo lo que está frente al ojo que todo lo ve, todo lo pinta, todo lo relata y todo lo canta”.
La obra monumental de Omar d’Leon, LA NOVELA DE LA POESIA fue presentado en 2012 en el Festival de Poesía de Granada, Nicaragua y publicada en 2013, en una edición financiada por el mismo Omar d’León, nueve años antes de su fallecimiento en 2022 a los 93 años. La muerte de Omar pasó desapercibida porque estábamos en plena pandemia de Covid19 en todo el mundo y los poetas y escritores estaban en “operación cusuco”, para no morir de la terrible peste. Y más en Nicaragua donde se le dio poca importancia a la vacunación masiva contra el COVID19.
Cuatro poemas de Omar d´Leon de sus monumental
NOVELA DE LA POESÍA.
VICTORIA
# 824
1985.
Las bestias fornican al amparo
del relámpago metálico
y el gallo nos anuncia su aurora.
Yo soy el poeta Omar (no el de Persia).
¡Soy el poeta de Nicaragua,
lacustre y volcánica,
la bien amada de mi corazón,
entregada igual que ramera
a los buitres de la inequidad!
¡Oh elegia!:
Fuente de mi fluidez
y de mi débil coraje;
permíteme así,
que termine este canto
con honor y dignidad que mereces:
¡Oh tierra natal!
Para aliviar tu sórdido Sino…
El prestigio de Victoria,
son sus largos cabellos,
que una sola vez los vi llameantes,
agitados por el viento de Junio.
¡Oh mortal aparición
y embrujos misteriosos!
Ahora navegas
entre tus ondulantes madejas rubias:
¡Alma de tus edades,
remembranzas sempiternas!
# 54
ODAGüENSES
Comidas de Nicaragua
1981 California, USA
#1
¡Oh Nacatamal!
placido y echado
entre tu tálamo de hojas de chagüite
taciturno y humeante!
Sabrosura en antigüedad deleitable
con guirnaldas de hierba-buena
y lunares de pasas y aceitunas.
#2
Al fin el oro líquido, caliente
y perfumado reencarnó en ti
¡Oh sopa de Mondongo!
donde los estómagos de vacas
estrictamente purificados
son una comunión,
con el jugo de limón, de naranja-agria,
chile-congo, sal y perlas de la cebolla picada.
Las verduras que te acompañan
con exquisito rigor, conceden una primavera
al nicaragüense paladar ancestral y misterioso
¡Oh Sopa de Mondongo!
#3
¡Oh salpicón
Arena del cielo
estructura tierna
bienaventurado del apetito!
#4
¡Oh nuestro gallo pinto!
Arroz y frijoles,
tesoros de la raza.
¡Oh Moros y Cristianos!
Placer del chinchorro,
tamborileo de lluvia fuerte,
menuda entrega
con siesta placentera.
Tú Gallo Pinto,
Eres el rey nacional
de nuestro apetito cotidiano.
#5
¡Oh creador Maiz!
tu masa ofrenda y gesta
en tu tálamo colonial,
la santa hostia tropical y eterna:
¡Oh Tortilla!, ¡Oh Tortilla!
Caliente, tostada y aromática.
¡Oh divino bastimento!
éxtasis del día nuestro.
Eres pura raza, india pura,
indio puro del gran apetito,
Eres luna llena,
sabrosa e insuperable
a nuestro bastimento cotidiano!
#6
¡Oh Vaho al vapor!
¡Oh Vaho!
¡Oh plato efervescente de ansias!
Con sabores de yuca, de cecina,
de plátanos, de jocotes,
sazonado de iridiscencias
con olor de especies y verduras.
En verdad tú eres Vaho
antecesor de las historias.
En ti el paladar de los golosos
sacia el placer de masticarte
y saborear el exquisito frenesí
de tus sabores.
#7
Tortuga, hermana nuestra lacustre,
que delicia eres en tu masa de galletas
con tu musicalidad de oréganos.
Tus blancos embriones se diluyen
entre lengua y dientes
como pequeño canto de perennidad
y delicia.
Tu carne guarda la belleza exacta
para masticarla
y tu vianda se presenta a la mesa
rodeada de rodajas de cebollas
y de tomates sofritos
en manteca o mantequilla
como riachuelos de oro.
Ojos, olfatos y paladares
entonan para ti jubilosos cantos
de bienvenida.
¡Oh Tortuga Lacustre!
¡Oh Hermanita Nuestra!
#8
¡Oh Divino Ayaco!
Dadivas de delirios
Al paladar es tu sabor
Con hojas verde oscura
del alabado árbol Kelite
mezclado con trozos
de sublimada piña
y trozos de carne de cerdo
espesada con masa de maíz.
Ayaco, tú eres casi primogénito
de las comidas típicas de Nicaragua.
Eres al paladar el paraíso recobrado
eres culminación del éxtasis
al apetito refinado de la corte celestial.
YO NO SOY…
1997.
Islas frente a Santa Bárbara, CA
Yo no soy de este mundo material y decadente,
yo no soy ángel, ni demonio, ni el desamor,
ni hombre, ni mujer, ni bestia, ni monstruo.
Yo no soy un concepto,
ni un fonético halo de pretérito,
ni tampoco soy el frenético trastorno
que ciñe al corazón de sueños,
quizás vomitados en un instante
por el indómito enigma del tiempo.
Yo no soy un impacto cualquiera
mecido por una brisa indolente.
Yo no soy una turbulencia
que altera el ciclo de las razas,
ni la infinita madurez
al extremo del hastío y el instinto.
Lo único que yo sé y quizás es mi verdad:
es que yo soy un alguien
pintor de la poesía y poeta de la pintura
en contacto con algo sublime y misterioso
que no puedo explicar, ni discernir.
Quizás solo eso soy,
quizás una infancia y nada más,
donde la persuasión no identifica
a éste libre haz de luz penetrando el sitio
donde el caos no existe y solo reside
el rostro que no puede nombrarse,
porque no tiene nombre y es eterno.
#356
LA PULPERÍA (1)
Managua, Nicaragua 1953
Quién podrá negar
que un centavo de ternura brilla más
que cien de lustrosa soberbia.
¡Ah meritos, no hagan creerme
más pesado que mi propia ficción!
Recuerdo un legendario país lejano,
donde había una esquinera casa amarilla
con marcos de ventanas y puertas
repintadas de celeste anciano terremoteado,
casa que era la pulpería de mi niñez
con magia fuera de tiempo;
que era pertenencia de las venerables
y respetadas Niñas Orozquitos:
Niña Estercita, Niña Toña y Niña Emilia,
Dulces y luminiscentes hermanas solteras.
Primorosas eran estas Niñas Orozquitos,
auténtico monumento nacional
de ese recóndito país o de otro cualquiera
del hemisferio Latino Americano.
¡Oh lirismo de mis primeros versos
que aloja siempre
el alba de mis recordatorios descriptivos!
Este mundo lleva los cabellos de la vida
entretejidos con el inútil
pretérito de acontecer.
2-
Recuerdo aquel travieso chiquillo
que compraba guitarrillas y botellitas
de azúcar cristalizadas con miel alicorada
y después de comerlas con deleite,
se bajaba sus pantalones cortos
y entreabría al máximo sus nalguitas,
mostrándole el culito pelado
para escandalizarlas,
lo cual lograba con efecto máximo
muerto de risa en su picara inocencia.
Cuando ponían sus quejas
las niñas Orozco
a los padres del chiquillo,
éste recibía tremenda paliza
de sus progenitores que eran
honorables y respetuosos…
¡Ah que fragancias de esas épocas
y que fulgor en los infantiles recuerdos!
