Por José Antonio Luna
“Decidió suicidarse con todo un ritual y después de beberse dos vodkas, tomando un tercero en la mano y vestida con el abrigo de piel de su madre, se encerró en el garaje y se sentó al volante de su Cougar rojo. Entonces puso en marcha el motor y encendió la radio… Así se acabó con una de las vidas poéticas más ricas, más laureadas y admiradas y comenzó la historia de un mito”.
Anne Sexton, de la pléyade de poetas mujeres ganadoras del premio Pulitzer de poesía, además de ser pionera del feminismo y los temas confesionales es también parte del enigma de que “La vida es un sueño; el despertar es lo que nos mata” como escribió una vez Virginia Woolf. Sexton se quitó la vida a la edad de 46 años inhalando gas de su carro estando semi inconsciente por la ingestión de alcohol. Había vivido desde su juventud entre el suicidio y la desesperación. Se cuenta que meses después de su cumpleaños 26, intentó matarse pero, por dos décadas más, la poesía la mantuvo viva. La Poeta de los ojos azul intenso, siguió los pasos de su amiga y poeta Sylvia Plath, que se había inmolado una década antes metiendo la cabeza en un horno para inhalar los gases venenosos.
Así describe a Anne, Carmen Sigüenza: “Delgada, alta, morena de ojos azules, seductora, feminista, Anne Sexton, desmontó el modo de vida burguesa americana con palabras desnudas y sangrantes; certeras, carnosas y viscerales, pero sobre todo de una belleza infinita”.
Anne Sexton fue registrada al nacer como Anne Gray Harvey (9 de noviembre de 1928 – 4 de octubre de 1974), Nació en Newton, Massachussets, un otoño de 1928, cuando caiga una ligera nevada, hacia un frio que calaba los huevos y la calles estaban desiertas. Creció en el seno de una familia protestante-burguesa que le prodigó todas las comodidades de la época, aunque algo dentro de la talentosa jovencita rondaba entre la depresión y la bipolaridad. Anne, que nunca fue devota de la religión de sus padres, tuvo influencia del catolicismo, a pesar de definirse a veces como atea o agnóstica, su obra, está profundamente marcada por una búsqueda personal de Dios. La muerte “la celosa” la envolvió un 4 de octubre de 1974, en la pequeña ciudad de Weston, Massachussets, un otoño oscuro, triste, de madrugada, cuando el silencio reinaba a su alrededor y sus dos hijas dormían en sus habitaciones.
La brillante poeta de Vive o Muere (Live or Die) poemario que la llevó a ganar el Pulitzer en 1966 y lógicamente a la fama, años después de su muerte; fue relegada, casi olvidada por influencias del Macartismo, pero con el nuevo milenio volvió a la palestra de la literatura al ser traducida al español y publicadas sus obras completas en 2013. Anne y Silvia son la dupla perfecta para entender un poco como la poesía liberadora fue el instrumento catalizador del terrible sufrimiento de estas dos valientes mujeres.
José Luis Reina Palazón, estudioso y traductor de las obras de Sexton, dice: “que Anne Sexton en Estados Unidos es tan grande, tan simbólica y admirada como Lorca en España, por ese acercamiento a la muerte constantemente en su obra, por el uso de metáforas y ricas imágenes y porque se trata de una poesía del alma que enseña todo lo que ella sufre, al tiempo que hace que la gente se acerque a ella como un imán”. (EFE)
Anne no necesito muchos libros para volverse conocida y famosa. Su primer libro “Al manicomio y casi de vuelta” (1960) la lanzó al estrellato, en ese libro confesional, crudo, terrible, describió su sufrimiento y su estancia en los sanatorios mentales, la terapia y su confrontación con los traumas del pasado, de su vida desde su niñez… Y desde aquí se inicia, como indica Reina Palazón, lo que caracteriza toda su lírica: “La utilización descarnada del material autobiográfico y su precisa transformación en forma poética”.
En los diez libros siguientes escribirá con crudeza de la contradicción del amor y odio en la maternidad, del alcohol, las drogas, la labilidad psíquica, el delirio, el aborto, la masturbación, el incesto, el adulterio, el suicidio, o el éxtasis sexual destructor.
3 POEMAS DE ANNE SEXTON
La Adicta (The addict)
Por Anne Sexton
Vendedora de sueño,
vendedora de muerte,
con cápsulas en mis palmas cada noche,
ocho a la vez de dulces frascos farmacéuticos
hago arreglos para un viaje de tamaño pequeño.
Soy la reina de esta condición.
Soy una experta en hacer el viaje
y ahora dicen que soy una adicta.
Ahora preguntan por qué.
¡POR QUÉ!
¿No saben que prometí morir!
Estoy practicando.
Simplemente me mantengo en forma.
Las pastillas son una madre, pero mejor,
de todos los colores y tan buenas como las bolas agrias.
Estoy a dieta de la muerte.
Sí, admito
que se ha convertido en un poco de hábito-
sopla ocho a la vez, golpeada en el ojo,
arrastrada por el rosa, el naranja,
el verde y las buenas noches blancas.
Me estoy convirtiendo en una especie de
mezcla química.
¡Eso es!
Mi suministro
de tabletas
tiene que durar años y años.
Me gustan más que a mí misma.
Es una especie de matrimonio.
Es una especie de guerra donde planto bombas dentro
de mí misma.
Sí
lo intento
matarme en pequeñas cantidades,
una ocupación inocua.
En realidad estoy obsesionada con eso.
Pero recuerda que no hago mucho ruido.
Y francamente nadie tiene que sacarme
y no me quedo ahí parada en mi sudario.
Soy una pequeña margarita en mi camisón amarillo
comiendo mis ocho panes seguidos
y en un cierto orden como en
la imposición de manos
o la sagrada comunión negra.
Es una ceremonia
pero como cualquier otro deporte
está llena de reglas.
Es como un partido de tenis musical donde
mi boca sigue atrapando la pelota.
Luego me acuesto; mi altar
elevado por los ocho besos químicos.
Qué descanso me da esto
con dos rosas, dos naranjas,
dos verdes, dos buenas noches blancas.
Fee-fi-fo-fum-
Ahora estoy prestada.
Ahora estoy adormecida.
QUERIENDO MORIR
Ya que preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Después, casi innombrable, vuelve la lujuria.
Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida.
Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol.
Pero los suicidas tienen un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.
Dos veces me pronuncié tan claramente,
poseí al enemigo, me comí al enemigo
le arrebaté su oficio, su magia.
Así, grave y pensativa,
más tibia que el agua o el aceite,
descansé, babeando por el agujero de la boca.
No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja.
Ni siquiera había córnea o restos de orina.
Los suicidas ya traicionaron al cuerpo.
Nacieron muertos, y aunque no siempre se mueran,
quedan deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta un chico podría mirarla y sonreír.
¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua! —
eso, en sí mismo, se vuelve una pasión.
Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado,
con todo, año tras año me espera,
para deshacer con delicadeza una vieja herida,
para soltar mi aliento de su prisión insana.
Colgando ahí, a veces los suicidas se encuentran,
furiosos ante el fruto, una luna inflada,
y dejan el pan que confundieron con un beso,
dejan la página del libro abierta al descuido,
algo sin decir, el teléfono sin colgar
y el amor, fuera lo que fuese, una infección.
DESCALZA
Amarme sin zapatos
significa amar mis piernas largas y bronceadas,
queridas mías, buenas como cucharas;
y mis pies, estos dos chicos
que se escaparon a jugar desnudos. Intrincados nudos,
mis dedos. Libres ya de sujeción.
Y todavía más, miren las uñas y
cada una de las diez etapas, tubérculo a tubérculo.
Vehementes y alocados, todos ellos, este cerdito
fue al mercado y este otro se
quedó. Largas piernas bronceadas, y largos y bronceados dedos.
Más arriba, cariño, la mujer
confiesa sus secretos, pequeñas casas
y pequeñas lenguas que te lo cuentan todo.
No hay nadie más que tú y yo
en esta casa de la península.
El mar lleva un cencerro en el ombligo
y yo soy tu sirvienta descalza
por una semana entera. ¿Quieres un poco de salame?
No. ¿Quieres un whisky, a lo mejor?
Tampoco. Tú no eres de beber. Tú
me bebes a mí. Las gaviotas persiguen a los peces
gritando como chicos de tres años.
Las olas son narcóticas, me llaman
Yo soy, yo soy, yo soy
toda la noche. Descalza
te camino por la espalda.
A la mañana corro por la cabaña,
de una puerta a otra, jugando a perseguirnos.
Ahora me agarras por los tobillos.
Ahora vas trepando por mis piernas
hasta que atraviesas la marca de mi anhelo
