Mariadilia Martínez, viuda de Caracas, pintora, escritora, poeta, es la incansable artista que mantiene viva la nicaraguanidad en el exilio, con sus pinturas, sus textos culturales, sus poemas. Esta bella nicaragüense de alma libre y sensitiva, escribió una hermosa biografía del pintor y muralista, Cesar Caracas Mongalo, (Rivas, Nicaragua,1935-Miami, USA, 2011), un legado cultural de uno de los grandes artistas nicaragüenses que murió en el exilio porque EL ARTE NO SE PUEDE SOMETER. En el extenso prólogo de EL ARTE NO SE PUEDE SOMETER, el poeta Horacio Peña dice entre otras verdades: “este excelente y descubridor libro de Mariadilia Martínez…no es tan solo sobre la vida de ese pintor de múltiples facetas que es César Caracas: muralista, pintor intimista, de protesta social, paisajista, cronista en color de la vida nicaragüense, sino que este libro de Mariadilia es también, en cierto modo, un contarnos la historia y la geografía nicaragüense, los amigos de Caracas, su estadía en Nicaragua y los numerosos viajes de estudio, las personas que conoció , las prisiones a que fue sometido en Nicaragua durante el régimen sandinista”. EL ARTE NO SE PUEDE SOMETER es un libro vital para el estudio de la evolución de las artes plásticas y sus artistas. Un viaje sin fin por la inconmensurable expresión de la vida del hombre y sus misterios. (JALuna-Editor)
En www.escritoreslibres.org publicamos dos textos de Mariadilia Martínez. Uno sobre el Primitivismo en Nicaragua y otro acerca un pintor y muralista: LEONCIO SÁENZ. Un artista de la vieja escuela de Bellas Artes, como también lo fue César Caracas Mongalo.
EL ARTE PRIMITIVO NICARAGÜENSE
Por Mariadilia Martínez
Pintora y poetisa
El primitivismo
Los orígenes del arte primitivo, en lo que a pintura y escultura se refiere, se remonta a las obras del arte europeo de los siglos XIII, XIV y XV, anteriores al Renacimiento.
Los términos primitivos, ingenuo, naive o naif, se han venido usando desde entonces, porque su estilo nos recuerda a los primitivos originales.
Hay arte primitivo en muchos países, en Haití, República Dominicana, Honduras, Ecuador, por mencionar unos cuantos, pero la lista es mucho más extensa.
El primitivismo en Nicaragua
El Primitivismo en Nicaragua ha alcanzado fama mundial, siendo tres mujeres las pioneras de este arte:
Doña Salvadora Henríquez de Noguera,
Doña Asilia Guillén y
Doña Adela Vargas.
Doña Salvadora Henríquez de Noguera fue nuestra primera primitivista; ella era residente del puerto lacustre de San Jorge, en donde se dedicaba a pintar dulce y amorosamente sus bellos paisajes y así la conoció en los años de 1940 el poeta José Coronel Urtecho, quien tuvo la feliz idea de darla a conocer nacionalmente.
Doña Salvadora no tuvo la suerte de participar en eventos internacionales y su arte fue admirado mayormente en Nicaragua. La colección del Banco Central cuenta con siete de sus preciados óleos.
Doña Asilia Guillén, nacida en Granada, recibió el impulso que necesitaba para expresar su talento, de parte de un amigo granadino, el escritor y coleccionista Enrique Fernández Morales, quien al ver los bellos bordados que la dama realizaba le sugirió que sería mucho mejor si los hiciese pintados, convenciéndola también a mostrar sus bordados al Director de la Escuela de Bellas Artes de Managua, que era entonces el Maestro Rodrigo Peñalba, quien estuvo de acuerdo con Fernández de que era necesario que Doña Asilia pintase. Después de esta visita inicial, ella visitó varias veces la Escuela durante los años 50, para familiarizarse con los medios y las técnicas.
Doña Asilia comenzó a pintar a la edad de 63 años, sus obras relatan la historia y las costumbres de Nicaragua, con mucha inocencia y riqueza de detalle. Sus primeras participaciones fueron en Sao Pablo y luego en Washington DC, habiendo exhibido ampliamente a través de la Unión Panamericana tanto en los Estados Unidos como en Europa.
La tercera dama.
Doña Adela Vargas, la tercera en esta sagrada trilogía primitiva y también originaria de Granada, fue iniciada en la pintura por su hijo el artista Alberto Icaza, habiendo realizado su primera exhibición en 1967 en ocasión del centenario de Rubén Darío y en 1971 exhibió en la Galería de la Unión Panamericana en Washington DC.
A esto siguieron muchas exhibiciones como la Bienal de Medellín, la Galería Hilton en Bruselas y en 1974 en la Galería Fabián de Nueva York.
Otros pintores.
Después de las tres pintoras, el primer artista varón nicaragüense en destacarse como un primitivista fue Manuel García, quien ha realizado escenas costumbres regionales con un gran dominio del dibujo, del color y de las costumbres populares.
El grupo de Solentiname.
También se formó el grupo de pintores primitivistas de la isla de Solentiname, teniendo como maestro a Róger Pérez de la Rocha y bajo la promoción del Padre Ernesto Cardenal, quien a causa de su gran significado internacional logró alta cotización para estos artistas. En este grupo se destacaron principalmente, Marina Ortega, José Arana, Alejandro Guevara, Carlos García y Tomás Peña. Armando Mejía Godoy y Ena Gordillo también lograron, independientemente, destacarse en este arte.
Julio Sequeira
Y luego vino la figura más sorprendente entre los pintores primitivistas, un joven poeta nacido en la ciudad de Boaco y educado en el colegio Lasalle de Diriamba: Julio Sequeira.
Sus paisajes paradisíacos, llenos de esplendor, su imaginación prodigiosa, capaz de expresar un universo lleno de magia y de leyenda, su mundo de la infancia con su abuela que huele a mayo, La flor nacional, los santeros y los barrancos que conoció durante sus vacaciones en la hacienda familiar. La Granada señorial y nostálgica asiento de sus antepasados.
Después de residir por varios años en San Francisco, California, Julio volvió a Nicaragua y buscó los cerros y los ríos, pintando incansablemente para saciar su sed de azul, pero su alma de peregrino lo llevó a San Salvador y allá se quedó, exhibiendo en las más prestigiosas galerías de Centroamérica y Estados Unidos. Falleció tempranamente en 1990 a la edad de cuarenta años.
También de Boaco, se ha destacado en los últimos años, Mario Marín, quien ya ha realizado exhibiciones en varios países de Europa. Su tema es el paisaje del terruño nativo con variedad de plantas y flores.
Nota:
Dice Miguel Calvo Santos que:
El arte moderno le debe mucho a los pueblos primitivos: el arte prehistórico, el arte no occidental (aunque llamarle primitivo es bastante condescendiente). Una mascara africana, una momia peruana… todo lo que no estaba corrompido por la mirada occidental de las cosas fue un punto de partida para numerosos artistas modernos. Nada más moderno hay que volver a los orígenes y conseguir esa inocencia de los primitivos, esa «regresión deliberada» (en palabras de Gombrich).
El primitivismo por tanto, más que un movimiento artístico delimitado es una corriente, una inspiración para artistas de todas las épocas. Primitivismo es también lo infantil, el naïf, lo arcaico, lo popular, lo espontáneamente ingenuo…Casi siempre está hecho por artistas autodidactas, que frente a la técnica llenan su obra de un arte intuitivo y sugerente.


LA TRADICIÓN INDIGENA DE LEONCIO SÁENZ
Por Mariadilia Martínez
Para referirnos a Leoncio Sáenz (Palsila, Matagalpa,1935-Santa Teresa, Carazo, 2008)), hay que hacerlo con reverencia, porque sentimos que estamos entrando al templo custodiado por la serpiente emplumada y en donde Leoncio, como un legendario cacique guerrero, es el dueño absoluto de su círculo sacro. Y es precisamente de este círculo de donde Leoncio parece haber extraído del fondo de la tierra sus figuras aéreas y telúricas.
Nacido en Paisila, Matagalpa, en 1935, Leoncio Sáenz estudió desde los 19 años (1954) en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Managua, bajo la dirección del Maestro Rodrigo Peñalba, y muy pronto se hizo notar por su admirable dominio del dibujo de trazos fuertes y tradición indígena.
Leoncio es en sí, un personaje que impone su presencia dondequiera que vaya. Su piel es blanca, su figura delgada. Su imagen, al igual que su pintura, nos recuerdan la grandeza de nuestras raíces precolombinas y nuestro mestizaje, de lo cual él se enorgullece, la prueba de ello es que usa su cabello largo y suelto, a veces usa un cintillo de colores sobre la frente y lo adorna con unas plumas de ave, otras veces usa un gorro alto, tejido de lana a rayas multicolores.
Es un caminante insaciable, muy activo y amistoso.
Leoncio es un gran pintor, un maestro en el muralismo y el caballete. Sus figuras son planas, geométricas y bordeadas en negro, y de los labios entreabiertos de sus personajes, parecen salir frases que se dirigen a cada observador en particular.
Sus óleos, rojo, negro y ocre parecen haber sido mezclados del mismo barro, y en otras obras suyas, los colores son brillantes, con el amarillo ardiente del sol de Nicaragua, el azul intenso de su cielo y el apaciguamiento verde de sus montañas.
La figura folklórica de Leoncio nos señala que él va poniendo a nuestro paso, signos para que leamos y nos identifiquemos con nuestro pasado.
Los gatos misteriosos
En los gatos de Leoncio hay misterio como en los gatos sagrados de los egipcios, pero los de él son algo más, son los gatos de siete vidas o siete siglos, testigos mudos de nuestra historia ancestral y que observan nuestro presente.
La primera vez que miré un mural de Leoncio fue en el Supermercado de la Plaza España. Al contemplarlo, me sentí de alguna manera ligada a esos relatos, a esas actividades de compra y venta, mi sangre nativa y mi sangre española fueron receptivas ante sus figuras, hermosas, activas, llenas de tanta vida y tradición.
Y es que Leoncio nos sitúa frente a escenas cotidianas que tienen ese encanto que se ve, que se siente, que se piensa y llega a ser parte de nuestra propia vida.
Sus vacas rebosan de leche, sus pájaros ágiles, listos a emprender el vuelo, sus venados ariscos, sus cusucos, cerdos, perros y gatos son imágenes que no vemos cada día pero que las hemos visto y no hemos podido olvidar.
Merecido homenaje
En el mes de marzo de 2002, se celebró en Managua, bajo el patrocinio del Centro Cultural Nicaragüense, el Primer Congreso de Arte Popular, con el cual se rindió homenaje a dos grandes maestros: Fernando Saravia y Leoncio Sáenz, y es que ellos son merecedores de eso y de mucho más, son maestros de las generaciones presentes y de las venideras.
El poeta Julio Valle escribió una vez: “Lo único que yo sé de Leoncio Sáenz, y es lo que me importa, es que es de la tribu, y de la tribu de Carlos Mérida, Rufino Tamayo y Fernando de Szyszlo.”
Su salud ha decaído últimamente, pero su torrente de savia fecunda sigue produciendo arte del bueno. Leoncio ha recibido mucho dinero, producto de su arte, en las exhibiciones sus cuadros se venden todos, pero él nunca ha atesorado nada, a sus manos llega el dinero y también se va porque él no sabe cerrar el puño, él es generoso, no tan solo con los seres humanos sino también con los hermanos perros, con los hermanos gatos y con los hermanos pájaros como diría el hermano Francisco de Asís.
Texto publicado en el periódico
Mil x Mil
Julio de 2002.
