RUBÉN DARÍO EN MÉXICO

José Antonio Luna

DEL LIBRO DE MEMORIAS DE *ALFONSO REYES

Primera parte de dos

Meses después de la muerte de Rubén Darío ocurrida el 6 de febrero 1916 el poeta y ensayista regiomontano, don Alfonso Reyes (1889-1959), publicó en la revista Tiempo-edición de junio de 1916-de Madrid un texto titulado: *Rubén Darío en México, Memorias literarias; crónica histórica donde devela el interés de los intelectuales mexicanos por la poesía y la persona del poeta nicaragüense.
Escribió Reyes: “solíamos hablar, entre nosotros, de traer a Rubén Darío. Valentí, uno de los nuestros-cuyas palabras me acuden ahora con el recuerdo de su trágica muerte-nos oponía siempre esta advertencia profética:
-No, nunca vendrá a México Rubén Darío: no tiene tan mala suerte.

Visita que Darío también deseaba pero que solamente pudo concretarse a medias porque se frustró su esperada llegada a la ciudad de México en 1910 con motivo de la conmemoración del centenario de la Independencia mexicana. A Darío solo se le permitió llegar a Veracruz.
Serios incidentes políticos como fue el golpe de estado al presidente José Madriz en Nicaragua y la intervención norteamericana en favor de los golpistas; a la vez que los inicios de la que sería la revolución mexicana contra el Porfiriato-que era apoyado por Estados Unidos- malogró la esperada llegada del poeta.
Un par de meses después de la fracasada visita de Rubén a México el furor de la Revolución Mexicana había comenzado en una feroz lucha fratricida-llamada por algunos intelectuales la “decena trágica” por lo sangrienta y destructiva que fue para los mexicanos- tiñendo de sangre ríos y praderas hasta mediados de 1920.
Así describe Alfonso Reyes, los acontecimientos de 1910 que alejaron para siempre a Rubén Darío del México de Nezahualcóyotl, Sor Juana Inés, Nervo.
“Rubén Darío fue a México por su mala suerte, En 1910 para la celebración del centenario de la Independencia mexicana, Darío y Santiago Argüello fueron delegados a México por el gobierno de Nicaragua. Sobrevinieron días aciagos; el presidente Madriz cayó al peso de Washington, y el conflicto entre Nicaragua y los Estados Unidos se reflejaba en México por una tensión del ánimo público. La nube cargada, al menor pretexto estallaría. Y ninguna ocasión más grande para desahogarse con el yanki que la llegada de Rubén Darío. El hormiguero universitario pareció agitarse. Los organizadores de sociedad, los directores de manifestaciones públicas habían comenzado a distribuir esquelas y distintivos. La aparición de Rubén Darío juzgóse imprudente; y este nuevo Cortés, menos aguerrido que el primero, recibió del nuevo Moctezuma indicaciones apremiantes de NO llegar al valle de México.
Darío quedó detenido en la costa de Veracruz. De allí se le hizo pasar, incógnito, a Xalapa. Un hacendado lo invitó a cazar conejos; se fue al campo; lo hicieron desaparecer… Poco después, con el pintor mexicano Ramos Martínez, que lo acompañaba a título de menor de edad, reapareció en la Habana. En la Habana estaba cuando la celebración famosa del centenario”.

En el texto III titulado: un Documento;
Reyes narra el impacto que causó en la juventud intelectual mexicana, la anunciada visita de Darío a las fiestas del centenario de la Independencia.
“Entre las muchas manifestaciones que produjo en México la llegada de Rubén Darío a Veracruz, hubo una de carácter puramente literario. Algunos jóvenes escritores y poetas que, por no sentirse “animales políticos” o por malos de sus pecados, no habían querido hasta entonces unirse al grupo central-concentrado en el Ateneo de la Juventud-fundaron una sociedad la “Sociedad Rubén Darío, cuyo único objeto era recibir al poeta con honor, como si la llegada de un hombre hubiera de ser un hecho permanente. Rafael López, entusiasmado, habló de la nueva Cruz del Sur que Rubén Darío había de marcar en nuestro cielo con los cuatro hierros de su centauro. Emilio Valenzuela, hijo de Jesús Valenzuela, fue nombrado presidente de la sociedad. Cuando la triste realidad vino a conocerse, Valenzuela escribió lleno de despecho; “no nos queda más que esperar otros tiempos”. Estas palabras pudieron ser divisa de mi a generación destrozada.
Por su parte, Rubén Darío, (hay que recoger piadosamente todos los rasgos de su pluma) escribió la siguiente carta a Valenzuela:

“Distinguido y buen amigo;
Si no hubiera sido ya grandísimo mi deseo de ir a México, la vibrante misión que la joven intelectualidad mexicana confió a ustedes me hubiera infundido el más ardiente empeño por encontrarme en la capital de este nombre y hospitalario país.
La juventud es vida, entusiasmo, esperanza. Yo saludo por su digno medio a esa juventud que ama el Ideal desde la Belleza hasta el Heroísmo. Díganlo, si no, los ainglons del águila mexicana que se llevó la Muerte a la Inmortalidad desde el nido de piedra de Chapultepec (1)
Las cariñosas y agradecidísimas instancias que usted y don Álvaro Gamboa Ricalde me ha hecho en nombre de sus amigos de México, empeñan a poner toda mi voluntad en complacerles. Pero, a pesar de mis deseos, las circunstancias me obligan a tener una actitud que no puedo alterar en nada.
Este momento, sin embargo, pasará. Y yo, quizás, en breve, podré tener el gran placer y el altísimo orgullo de saludar, con el afecto por ella siento, a la noble, a la entusiasta, a la gentil juventud mexicana.

Muy sinceramente me ofrezco su afectísimo amigo y S. S.”
Rubén Darío.

Xalapa, 8 de Septiembre de 1910.

Nota
*Alfonso Reyes, incluyó en su “Rubén Darío en México”, una dedicatoria a Enrique Diez-Canedo, su amigo y editor de la Revista Tiempo y varios valiosos textos:
I. El ambiente literario en México en la década de 1910.
II. “El Valle inaccesible”, acerca de la frustrada llegada de Darío a la ciudad de México,
III. Una minuciosa crónica acerca de la reacción de los mexicanos al saber que Rubén Darío llegaría a las fiestas del Centenario de la Revolución mexicana.
IV. Un texto curiosamente titulado: El problema del Derecho internacional; que aborda los obstáculos que tuvo Darío para intentar personarse en las celebraciones de independencia.
V. Un texto sobre los esfuerzos de los escritores mexicanos para demostrarle su cariño y admiración a Rubén, cuando este fue retenido en Veracruz, frustrando su viaje al Distrito Federal.
VI. El texto “Arte de prudencia en dos coplas” donde se habla de la frustración de no ver a Darío y la estadía de Santiago Arguello en México.
VII. Una transcripción fiel de lo que escribió Rubén hablando de las peripecias para llegar a México y sus observaciones sobre las causas y trampas para que no se cumpliera ese proyecto (Capitulo LXV de la autobiografía de Rubén Darío).
VIII. Datos de documentos oficiales, poco conocidos donde el gobierno de México decide darle una fuerte suma de dinero a Rubén Darío para compensar el agravio por no permitirle ir a México. Y otro documento de la Academia Americana de Artes y Letras de recibida y bienvenida al poeta en marzo de 1915 cuando este estuvo en New York. Donde se llama a Darío: “Sois el heredero de una civilización histórica, cuyo tesoro artístico y literario habéis acrecentado” …