del poeta Horacio Peña
REVOLUCIÓN
caminábamos
por esas asoleadas calles
-aquí el sol te quema como en un desierto-,
cuando uno de los infinitos pordioseros
nos salió al encuentro.
Toda la ciudad era
una dolorosa pordiosera.
Todo el país.
Le di algo
para calmar su hambre de ese momento
y se fue con un:
“Dios me lo bendiga”.
“Cuando venga la revolución,
-me dijo
La joven bella extranjera-
no habrá pobres”.
Y vino la revolución.
Y volví años después
al odiado y amado país,
y vi que había
en el corazón
del ahora ya anciano pordiosero
-que era el corazón de la ciudad,
el corazón de todo el país-
más pobres,
más pobres que nunca.
Enero 2008.
EL NOMBRE DEL PAÍS
Y,
cómo se llama este país,
pregunta el viajero.
-Nicaragua-
contesta la anciana.
-Aquí los pobres teníamos antes nuestra miseria
y la esperanza de que todo ésto iba a cambiar.
Ahora,
a los pobres sólo nos queda nuestra miseria,
más miseria que nunca-,
me dice la anciana,
sollozando.
Mayo 2008.
EL ÁNGEL CANTOR DE LA PAZ CENTRO
Pasando por La Paz Centro,
en unas de la ventecitas de cerámica
que están a la orilla de la carretera,
he comprado a la mujer
uno de sus ángeles cantores.
-Realmente cantan-me dice.
La mujer tiene la piel
de un intenso color moreno,
como la mía.
Veo a un ángel hecho de barro
por algún ceramista de La Paz Centro.
Ángel de un fresco color rosado y verde claro,
con sus manos amorosamente enlazadas.
Alas de un oro humilde
que ya se abren para subir al cielo
o alas en reposo como después de terminar el vuelo.
Ojos que ya miran lo que yo espero mirar un día.
Y su boca perfectamente redondeada.
Cantando.
-No se va a arrepentir de comprarlo,
el ángel le hará siempre compañía-
El ángel me ve, mientras canta.
Ve a un hombre ya viejo,
formado también del barro de la tierra
por ese otro alfarero.
Ve a un hombre de dolores
que va por este pueblecito que se llama La Paz Centro,
que se detiene en la calurosa mañana
para comprar a esta mujer
uno de los ángeles cantores.
-Usted es de por aquí?-, me pregunta.
-Claro-, contesto.
-No sé, añade. Habla un poco diferente.
Su manera de tocar la cerámica, los ángeles.
Pero si, definitivamente
yo creo que usted es de por estos lados-.
Lo es puesto en la mesita
que está en el centro de la sala
-en medio de fotos y recuerdos familiares-,
y todas las noches mientras subo a dormir,
y poco a poco se me van cerrando los ojos,
-que es una de las infinitas formas de morirse-,
lo oigo cantar.
O pienso que está cantando.
-Es muy caluroso aquí, en La Paz Centro-, digo.
-Siempre es así- me contesta la mujer.
Cuando bajo muy de mañana
para comenzar mi vida de todos los días:
-hacerme un poco de café, leer a ratos-,
antes de salir a la ciudad
que me espera llena de luces y de sombras,
su canto me sigue a todos partes.
O pienso que está cantando.
-Los viajeros se detienen aquí, en La Paz Centro
y compran alguna cerámica.
Usted se lleva una de mis ángeles cantores-.
Lo tengo desde hace varios meses
y todavía no sé si realmente canta
o si sólo canta dentro de ese sueño
que es el sueño de mi vida.
-El ángel no deja nunca de cantar,
me explica la mujer,
hasta que se muere su dueño-.
Enero 2010.
TRADUCTOR/TRADUCTORA
Esa es tu palabra,
no la palabra del poema.
No intentes mejorar, eso piensas,
-con tu traducción-
lo que ya está escrito.
Cada poema
tiene su propio mundo y su propia belleza.
Olvídate de ti mismo,
olvídate de ti misma,
y trata de ser ese otro, esa otra, que escribe este poema
que tú estás leyendo.
Sé humilde,
sin humildad no llegarás nunca a comprender
-a traducir-
este mundo, esta nueva belleza,
que te deslumbra.
La visión en la montaña
marca los límites del poema.
Y de la traducción.
No cambies nada. No quites nada. No añadas nada.
No engañes ni te dejes engañar.
Entrega esa voz,
-todo llena con el Mar de la Ansiedad, –
que desde su tiempo,
-o tal vez-
desde tu mismo tiempo,
te previene contra el fuego
y contra las fieras que te miran dentro del fuego.
Sé fiel.
No digas ni más ni menos
de lo que dice el espíritu de la letra.
La letra que vive y se mueve en el espíritu.
Sé fiel.
Traduce el silencio y la música.
La música callada.
En los espacios infinitos del poema
-la eternidad es el espacio del poema-
tocas la vida, sientes la vida,
de este hombre y esta mujer,
que el tiempo va cubriendo de noche,
mientras escriben en una lengua que no es la tuya,
este poema que ahora yo,
con amor y con temblor,
comienzo a traducir.
Julio 2012.
Nota:
Estos poemas están en el poemario “Las Voces del Viento”,
publicado en Julio de 2014, en Austin, Texas.
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