
Por: José Antonio Luna
El tiempo parece haberse detenido, en la histórica ruta del Tránsito de Nicaragua. La famosa vía que fundara el Comodoro Cornelius Vanderbilt para transportar a los aventureros del este de Estados Unidos al oeste, especialmente San Francisco, es una quimera que nos recuerda el viejo proyecto del canal interoceánico.
“La Virgen” el otrora puerto lacustre del gran Lago de Nicaragua; (lago Cocibolca) donde atracaban los grandes barcos que venían de San Carlos y que traía a los viajeros de New York y Boston; sigue siendo un pueblito, con un embarcadero con lanchas para llevar turistas a la isla de Ometepe. Después de siglo y medio de historia; la pobreza y la soledad …son los mudos testigos de la otrora grandeza de esos paradisíacos lugares.
Las 12 millas del istmo de Rivas que separan a La Virgen (lago de Nicaragua) de la bahía de San Juan del sur (océano pacífico) es el acceso a ese mundo fantástico que fue la famosa ruta interoceánica-una vía de dos carriles, en buen estado actualmente-que describen Ephrain G. Squier y Mark Twain en sus memorias. La estrecha y árida carretera que en el pasado era transitada por las llamadas diligencias, y los viajeros de Estados Unidos del este al oeste a lomo de mula o hasta a pie, carece señales históricas, que rememoren a ilustres visitantes de esa época.
San Juan del sur-puerto y balneario. con su hermosa y paradisiaca bahía todavía es una pequeña ciudad con algunos hoteles y muchas pensiones, aunque en las colinas hay mansiones y se siguen construyendo casas lujosas para turistas que desplazan a los lugareños. La mayoría de estas propiedades son de extranjeros, europeos y estadounidenses retirados que invierten en Nicaragua por el bajo costo de la vivienda, pero, los paisanos residentes del histórico puerto, gente pobre sin muchos recursos, sobreviven del escaso turismo y la pesca.
El puerto y ciudad de San Carlos, en la desembocadura del río San y el lago de Nicaragua, es un pueblón de calles empedradas, cantinas y burdeles clandestinos y en contrastes desde sus colinas se pueden ver los parajes bellísimos, surrealistas, las isletas de Solentiname. San Carlos es un pueblo de sol ardiente, de mosquitos y lluvia constante en la estación lluviosa. Los fines de semana-cuando bajan a hacer compras- se observan a los campesinos caminando en silencio a la orilla de las calles empinadas. La humedad siempre es sofocante y la insalubridad y los perros callejeros… como hace más de cien años.
Si se cierran los ojos y se recuerdan los días de gloria de la ruta; las visiones nos llevan a los grandes vapores de Vanderbilt y las lanchas atestadas de hombres y mujeres llegando al puerto para abordar a las carretas y carruajes para emprender el recorrido de las 12 millas del istmo de Rivas.
Y aparecen como en sueños las mulas cargadas de mercancías, carretas haladas por bueyes, los carruajes llenos de sudorosos viajeros yankis e ingleses, los soldados, las mujeres rubias, los vapores destartalados que recorrían el lago hasta llevar a San Carlos y después seguir por el rio hasta Georgetown o San Juan del norte, puerto ya desaparecido en la desembocadura del Rio San Juan en el mar caribe.
La ruta del Tránsito está olvidada. Pareciera que 160 años de soledad no son suficientes; el rio San Juan, San Carlos, La virgen y San Juan del sur y San Juan del norte o Georgetown…esperan un milagro para resurgir como el ave Fénix: El canal interoceánico. Proyecto factible, pero que, por decisiones políticas y ambiciones partidaristas, nunca se ha realizado, aunque el sueño de convertir a esa zona en un emporio se repite en las campañas electorales.
LA COMPAÑÍA DEL TRANSITO DE VANDERBILT
En los primeros días de enero de 1857-ya hace más de 160 años-era cerrada por primera vez la ruta del Tránsito por Nicaragua; cierre que marcó el principio del fin del sueño nicaragüense de ser escogida para la construcción del canal interoceánico proyecto que décadas después se materializó el Panamá que dejó de pertenecer a Colombia y se convirtió en república independiente bajo la tutela de Estados Unidos.
En esos días trágicos de la historia de Nicaragua, aventureros inversionistas y William Walker intervenían en el país para apoderarse de “La compañía accesoria del Transito” que fundara el Comodoro Cornelius Vanderbilt, a raíz del grito de orooo…orooooo en 1848 en San Francisco, California; y que dio comienzo a la “fiebre del oro” que llevó a miles de hombres y mujeres del este Estados Unidos a las desconocidas y fieras tierra del oeste…en una desenfrenada carrera en busca de la fama y fortuna.
En 1852 cuando la compañía del Tránsito crecía a “viento en popa” el comodoro Vanderbilt se daba el lujo de sacar anuncios en los periódicos de New York, San Francisco y New Orleans. Los de San Francisco decían: COMPAÑIA DE VAPORES VANDERBILT. PARA NUEVA YORK Y NEW ORLEANS VIA NICARAGUA. BOLETOS PARA VIAJE COMPLETO.
La ruta interoceánica de Nicaragua estaba en su apogeo. Según datos oficiales hasta mediados de 1856 la ruta del Transito transportaba unos dos mil pasajeros mensuales, en los barcos que venían de New York y New Orleans hasta San Juan del Norte y los que retornaban de San Francisco hasta San Juan del Sur. El tráfico de viajeros y mercadería había superado al tráfico del rudimentario canal de Panamá.
La fiebre del oro de California aceleró los proyectos para realizar la ruta canalera por Nicaragua. Las facilidades geográficas del país eran ideales para la construcción de la vía. La palabra Nicaragua era un imán a los oídos del gobierno de Estados Unidos y rapaces capitalistas como Vanderbilt. La posibilidad de una ruta interoceánica más corta que la de Panamá y a menos costo utilizando la vía natural del rio San Juan (en el atlántico) lago de Nicaragua, y San Juan del Sur, (en el pacífico) eran exploradas por gringos e ingleses.
La suerte estaba echada para Nicaragua. A partir del proyecto canalero que nunca se materializó la nación estaba destinado a sufrir intervenciones militares e injerencias políticas de Estados Unidos.
Nicaragua fue a partir de esos días un lugar estratégico para el expansionista estado del norte. Y el pequeño país casi despoblado se convirtió en un botín… que había que poseer a toda costa.
“El estado de Nicaragua puede llegar a ser, más que Constantinopla, la ruta imprescindible del gran tráfico mundial, y está destinado a alcanzar un extraordinario grado de prosperidad y de grandeza”, escribió en 1846, Luis Napoleón Bonaparte de Francia (Napoleón III) en la presentación de un proyecto de compañía que el llamó “La canale Napoleone por Nicaragua”.
Bonaparte había sido contactado por enviados del gobierno de Nicaragua que buscaban apoyo extranjero para la construcción de la vía interoceánica. Los sueños de Bonaparte al igual que los del gobierno Nicaragua serian frustrados años después con la aparición en el escenario político nicaragüense de un ambicioso e inescrupuloso personaje: William Walker.
EL FILIBUSTERO WILLIAM WALKER
En 1857, la ruta canalera por Nicaragua fue cerrada por primera vez por la intervención de Estados Unidos, con el pretexto proteger bienes y vidas de ciudadanos americanos “amenazados” por la revuelta armada en el país. También se dijo que el acto era para evitar que William Walker pudiera recibir ayuda y pertrechos militares por la vía marítima. Walker, estaba en la boca del San Juan en la desaparecida Greytown, esperando el arribo de los buques provenientes de New Orleans y New York. Estados Unidos adujo que habían intervenido en Nicaragua porque Walker había violado la ley de neutralidad al invadir a una nación soberana sin tener ninguna representación de algún gobierno.
Walker y sus mercenarios había sido contratado por Byron Cole, un banquero sureño para que apoyaran a las fuerzas de los llamados Democráticos, -después liberales- que encabezaba don Francisco Castellón con asentamiento en la ciudad de León. Los Democráticos se oponían al gobierno Legitimista de Granada. Castellón denominó a Walker y sus hombres “La falange americana” y le concedió a Walker el grado de coronel del ejército Democrático.
Vanderbilt en venganza por el daño económico que le infligió Walker a su negocio y proyecto marítimo, suministró armas a los gobiernos del istmo para que se sumaran a los nicaragüenses en su lucha contra el filibustero que quería hacer de Nicaragua; un estado esclavista como los sureños de Estados Unidos.
Walker en el hecho más vergonzoso e insólito de la historia de Nicaragua había sido elegido presidente de Nicaragua el 12 de Julio de 1856 en unos comicios “populares” arregladas por un grupo de nicaragüenses que eran adepto al proyecto del invasor. El filibustero ordenó incendiar Granada en diciembre de 1856 cuando sus fuerzas iban en retirada hacia la desembocadura del San Juan. Meses antes Walker había sido derrotado en la gesta de “la batalla de San Jacinto” el 14 de septiembre de 1856 por las tropas nicaragüenses.
La invasión de Walker provocó la movilización militar del gobierno de Estados Unidos en Nicaragua y otros lugares del caribe y una crisis diplomática entre “El Tío Sam” y la Corona Inglesa.
Y es a raíz de la presencia de Walker en la política nicaragüense y su injerencia directa en los destinos del país, que el gobierno de Costa Rica hace reclamaciones limítrofes a Nicaragua. El gobierno tico que estaba de acuerdo con la presencia de Inglaterra en la Costa Atlántica acelera sus presiones a Nicaragua para conseguir tratados encaminados a tener soberanía sobre una de las márgenes del Rio San Juan, y sobre el territorio que ahora es la provincia de Guanacaste.
Estados Unidos que había ya intervenido en Nicaragua y militarizado los principales puertos nicaragüenses, al conocer las maniobras inglesas y costarricenses, para apropiarse de la ruta del Tránsito, se opuso a las pretensiones de Costa Rica, y advierte que no legalizará ninguna declaración de soberanía de Costa Rica sobre el rio San Juan.
Un informe de William Carey enviado especial del presidente Buchanan en Nicaragua dirigido al secretario de Estado de Estados Unidos general Lewis Cass manifiesta: “Señor han llegado informes aquí que el gobierno de Costa Rica intenta apropiarse de una porción de territorio nicaragüense, convirtiendo la guerra que acaba de terminar, con el logro del objeto para que fuera declarada, en una treta de adquisición territorial. Tal designio es injusto y contradice las declaraciones públicas del gobierno de Costa Rica, cuando dirigió sus fuerzas marchando sobre Nicaragua” … para apoyarlo contra la invasión filibustera de Walker.
Finalmente, Walker abandonó sus pretensiones de apoderarse de Nicaragua y la ruta del Tránsito a mediados de 1857. Años después intento volver … pero sus intentos fueron frustrados por el gobierno de Estados unidos. Lamentablemente el daño a la compañía del Tránsito del comodoro Vanderbilt estaba hecho. “Pero la ruta no cerró por razones económicas. La causa fue el hombrecito de los sueños imperiales vislumbrados por sus ojos grises. Si Walker no hubiera ido a Nicaragua, la ruta habría seguido siendo traficada y quizás hasta hubiese superado en popularidad a la de Panamá. Más que por otra cosa a Walker se le recuerda por haber sido el causante del cierra de la comunicación interoceánica a través de Nicaragua” (La ruta por Nicaragua, David I. Folkman, 1972. Traducción de Luciano Cuadra)
Para concluir, quiero citar la afirmación que hizo Arnold J. Toynbee en su obra: Los Estados Unidos, México y Nicaragua. “Tras la construcción del canal de Panamá se convirtió en una máxima de la política estadounidense que si alguna vez esa vía fluvial fuese complementada por un canal en Nicaragua, esa segunda ruta interoceánica, como la primera tendría que estar bajo control de los Estados Unidos”. Quizás ahora en el siglo XXI, los sueños del canal interoceánico por Nicaragua resurjan con nuevos brillos sin el fantasma de Walker. Cuando Nicaragua en un futuro no lejano vuelva a ser república.
Tampa, Florida, Enero 2026.
