MODESTO BARRIOS “MAESTRO” DE RUBÉN DARÍO

El “poeta niño” vivió en la casa de Barrios

Dedicado a mi amiga Indiana Pérez-Macías

Por Gustavo Adolfo Montalván Ramírez

La amistad entre el Doctor Modesto Barrios y Rubén Darío, es uno de los temas más apasionantes en la literatura nacional, y es plato favorito de los investigadores que desean conocer, el trasfondo de la adolescencia de RUBEN DARIO, sobre todo de su vida en Managua…

Datos biográficos de mentor de Rubén Darío en Managua
Modesto Barrios (1849-1926). Nació en León el 13 de diciembre de 1849 y murió en Managua el 1 de noviembre de 1926. Fue hijo legítimo de Don José Eleodoro Barrios y de doña Paz Dávila Mendiola, cursó las escuelas de Primaria y Secundaria y Universitaria en su ciudad natal.
Se le distinguió como un niño precoz, y su formación académica lo convirtieron en periodista, literato y orador nicaragüense, recibiendo la investidura de abogado en 1869, no pudo ejercer de inmediato por no contar la edad legal, hasta cinco años más tarde.
Su vida periodística se inició desde el año 1866, fundando La Aurora, que fue el órgano de la juventud universitaria de ese tiempo.
Se traslada a Managua, al ser nombrado Secretario de la Comandancia General de la República. En 1877 es electo diputado por Nueva Segovia. En ese lapso se presentó un Proyecto de construcción del canal interoceánico por el río San Juan, interpuesto por M. Branchet. Barrios apoya el Proyecto a condición de asegurar garantías a Nicaragua.
Barrios participa en las honras fúnebres al general Máximo Jerez, líder del liberalismo y de la diplomacia criolla, quien murió repentinamente en Washington, el 11 de agosto de 1881, y es ahí donde también el poeta niño impacta hondamente por sus intervenciones, enalteciendo la memoria del connotado prócer.
En diciembre de 1882, en compañía de José Dolores Gámez, en León, invitaron a Rubén Darío, traerlo a Managua, a inaugurar Biblioteca Nacional.
En mayo de 1883, fue nombrado director de la Biblioteca Nacional. El despacho presidencial, ocupaba el segundo piso de la Casa de Alto, en la vieja Managua, y contiguo, estaba la Biblioteca con sus estantes de libros, un escritorio para el director, y unas cuatro sillas para los visitantes, con ventanas abiertas y silencio absoluto…
Allí profundizó sus lecturas el Poeta Niño, Rubén Darío, en el transcurso de 1883, 1884, 1885, 1886…antes de partir a Chile, aunque ya había visitado San Salvador, entre 1882 y 1883…
En ese mismo año de 1883, se le nombra Secretario de La Legación en Costa Rica. En 1884 funda el periódico El Ferro-Carril en Managua, al cual vienen a colaborar los más eminentes hombres de letras nicaragüenses. Cabe señalar que a este periódico vendrá a colaborar, a la edad de diez y siete años, Rubén Darío.
Cuando éste regresó de El Salvador en 1884 lo tuvo bajo su protección en la Biblioteca Nacional, y les dio cabida a sus artículos en El Ferro-Carril. En “Cronología”, dice Fidel Coloma[1]: “1884. Marzo. Trabaja (Rubén) en la Biblioteca Nacional, que dirige Modesto Barrios”.

BARRIOS ACOGE EN SU CASA A DARIO
A sabiendas que Darío era un genio, el doctor Barrios ofreció posada y protección, a su nuevo amigo, y no dejó de observarlo a corta distancia, y aun así dijo una vez: “Poco, muy poco ha estudiado Darío”, y era cierto, pues Barrios mantenía el criterio que el poeta niño necesitaba madurar, sobre una base de estudios disciplinados, mientras que su pupilo leía mucho de manera autodidacta, y todo lo absorbía, comprendía, y asimilaba como una esponja, el conocimiento que salía de la auto educación libresca.
Darío estudiaba a su manera. Su lectura era veloz y constante, como devorador de libros, de uno y otro asunto diverso sobre la historia del mundo, de las culturas antiguas, de las religiones diferentes, y, sobre todo, del arte poético antiguo, medieval y moderno, todo lo cual, le permitía reunir un caudal de conocimiento de las humanidades, que ningún maestro, ningún intelectual, o ningún eclesiástico podría brindarle en el colegio o en la universidad.
Tengamos presente lo dicho por el crítico Ernesto Mejía Sánchez: “El conocimiento pormenorizado de textos y fuentes alcanza también a los clásicos de Historia; nada más natural para el Darío de esta época, que tomar como punto de referencia y comparación, a los historiadores de la antigüedad cuando trate de valorar la historiografía de su propio país”.
Añade Mejía Sánchez: “Al comentar la Historia de la Guerra en Nicaragua, de William Walker, traducida del inglés por don Fabio Carnevalini, en 1884, dice: El autor de la obra no es el narrador que copia como Heródoto, ni escribe con el juicio de Tácito, ni compara como Plutarco; es el que mira lis hechos con parcialidad del que aprecia causa propia”. (Esto lo escribe en articulo Rubén Darío, en El Porvenir de Nicaragua, 7 de noviembre de 1884.
De 1885 vino a ocupar cargos gubernamentales entre ellos magistrado de la corte y Ministerio de Gobernación. En El Salvador funda El Centroamericano en 1896, y en él se dedica a dar a conocer la cultura centroamericana, sus intelectuales y la labor unionista.

SONETO

EL FERRO-CARRIL

Bien pergeñado, bien impreso, bueno,
maldice a Tamerlan, canta a Bolívar,
al que está bien con él, le brinda almíbar;
al que está mal con él, le da veneno.

Siempre sale pulido, siempre ameno;
a Guardia le ofreció su amargo acíbar;
flores da a Barrios, flores a Zaldívar,
hurras al genio, y al tirano cieno
.
He aquí El Ferro-Carril, con redactores
que le honran, con Hernández y Somoza.
Merece de nosotros mil loores,

ya que no le brindamos otra cosa;
y sobre todo, que es bastante módico
para ser, como es, un buen periódico.

Rubén Darío
(Managua, 1884.)

Según el periodista e historiador Juan Felipe Toruño, el doctor Modesto Barrios fue el fundador del periódico El Ferrocarril, en el año 1884, por lo tanto, el soneto anterior es por esa misma fecha.
Cuenta Juan Felipe Toruño que Barrios, si alguna vez lo despidió, Barrios, de su casa al joven Darío por andar con su vida desordenada, de nuevo lo atrajo, y en la edición del 20 de junio de 1884, publicó un hermoso artículo con el que estimulaba al joven poeta anunciándole éxitos en su porvenir en las letras.

MODESTO BARRIOS OBSERVABA DE CERCA A SU HUÉSPED

El poeta niño publicaba de todo tema literario en los periódicos de Managua, en 1884, mientras permanecía de huésped en casa del doctor Modesto Barrios, quien no dejaba de observarlo…
Sin embargo, el poeta niño a sus 17 años, no comentaba a nadie de lo que estaba leyendo o de lo que quería leer, pero escuchaba las opiniones de los mayores en sus experiencias literarias, o en asuntos de política nacional.
Lo que, si se sabía con certeza, por conducto de las obras que publicaba, es que el poeta niño se había entregado en su deleite de campaña, en imitar a los autores en lo que iba leyendo.
Como se sabe los genios se caracterizan en que una vez se hayan inducidos por un camino de las ideas o proyectos que persiguen, no consultan a nadie y permanecen las más de las veces, de forma hermética, y en y en sus desplantes, simplemente echan a rodar sus acciones, llevadas estas por la mano invisible de un hada madrina (la intuición), de un Ángel de la Guarda, o de una voz que le van dictando lo que ellos quieren hacer (la conciencia).
En este tiempo que Darío está imitando a los clásicos españoles como Berceo, Garcilaso, Calderón, Manrique, Cervantes, Moratín… llegando hasta Ferrari, Reina, Núñez de Arce, etc., el doctor Modesto Barrios está ojo al Cristo, desde su escritorio en la Biblioteca Nacional, o dentro de su sala de estar, donde a veces conversa por minutos con su huésped especial…
En un escrito de ese año 1884, Barrios, desprendido de sus ocupaciones oficiales de gobierno, llega a la conclusión acerca de lo que ve en aquel niño que, “imitando crea, y que, refiriendo encantos, encanta”.

¿A qué momento comenzó este joven? -se pregunta Barrios-.“¿Dónde halló sus primeras impresiones? ¿De dónde le viene esa inspiración inagotable?”

Barrios toma estas palabras de Jules Janin, al hablar de Torres Caicedo, que en temprana edad había ganado un nombre en las letras y en la política.
“Cosa semejante pudiera decirse de Darío, -nos dice Modesto Barrios- de ese a quien con justicia se ha llamado el Poeta Niño.”
Como queriendo explicar a los lectores de su época, y para que lo supieran las generaciones venideras, el doctor Barrios sitúa al poeta niño en 1884, de la forma siguiente:
“Cuenta ahora diez y ocho años, pero antes de llegar a la juventud, ya la flor de la poesía reventaba en su alma.”
El doctor Barrios recordaba:
“Vedle (a Rubén), pues, cómo vaga de uno a otro punto, cómo se muestra indiferente, descuidado, absorto, cómo parece despreciar hasta la felicidad en forma de colocación, más o menos ventajosa. Pero no le tengáis a menos, no le despreciéis; la chispa del genio ilumina su pupila; ha venido a alumbrar y encantar. Ponedle una pluma en la mano, y el ángel de la inspiración alzará su vuelo y su huella será de luz y armonías.”
Fue laudable la intención y el interés de Barrios como guía o maestro de Rubén Darío, entre los años 1882-1885, que como apuntaba el escritor nicaragüense, doctor Julio Linares, académico de la lengua, en su ensayo “Modesto Barrios”, enfoca su labor humanística, afirmando: “Pocos como el doctor Barrios podrían haber hecho esta labor, él tenía la paciencia y la abnegación de un verdadero Maestro, y la ilustración de un connotado literato.”
El doctor Julio Linares llega hasta el más hondo sentimiento de Barrios, y de la intimidad que mantuvo en su tratamiento del paternalismo al poeta niño. Linares extiende el afecto de esta amistad entre ambos, de la manera siguiente:
“En su labor que se había impuesto, el doctor Barrios tenía que corregir y reprender a Darío. Una vez lo echó de su casa, y le dijo que no volviera a poner pies en ella, si no se enmendaba. Rubén pidió posada enfrente, donde el doctor Jerónimo Ramírez, y con las miras que el doctor Barrios lo supiera y se condoliera de él, tomó como cama el mostrador del doctor Ramírez. El doctor Barrios, paciente y bondadoso siempre, se lo llevó nuevamente a su casa, y siguió ayudándole como antes.”

DE BARRIOS A TORUÑO Y LINARES
Al doctor Linares lo conocí en su despacho de funcionario público, hacia 1968…, y ya era miembro de la Academia de la Lengua en Managua, y me obsequió obras suyas, de poemas y ensayos.
Entre otros detalles importantes, que nos suministra el doctor Julio Linares, del interés que mostró el doctor Barrios, en querer fomentar las buenas relaciones sociales para su protegido, al respecto Linares arroja mucha información en su prosa ensayada que dice en “Modesto Barrios”:
“Este se interesó porque Darío tuviera buenas relaciones, que pudieran beneficiarlo; él lo presentó al presidente Zavala, y después al presidente Cárdenas. Durante la administración de este mandatario, Darío desempeñó puestos públicos de importancia, y era siempre uno de los invitados a las grandes fiestas sociales. Casi siempre a ambos, al doctor Barrios, y a Darío, les tocaba hablar en estos actos; el primero, pronunciando un discurso, y el segundo, recitando un poema.
Así sucedió en la velada que organizó la señora esposa del presidente Zavala, y que se llevó a cabo, el 16 de abril de 1882, en la Cámara de Diputados, siendo Director Artístico el doctor Barrios, como Secretario que era de la Sociedad de Beneficencia, ya que se trataba de colectar fondos para el Hospital General.”

En el campo de la cultura nacional, ocupa el Dr. Modesto Barrios un lugar preponderante en Nicaragua, y de su importancia y trascendencia, el Doctor Alfonso Ayón, nos dice que fueron pocos los libros que publicó en vida y para la muerte de Darío, dictó una conferencia titulada “El Azul de Rubén”, en la ciudad de León 1916.
Hacia el año 1877, el doctor Modesto Barrios ya tenía fama de orador, y el pueblo lo designó diputado por el Departamento de Nueva Segovia, ocupando un escaño en el Congreso.
El biógrafo del doctor Barrios, Juan Felipe Toruño, dice:
“En ese entonces presentase un proyecto de construcción del canal interoceánico por el río San Juan, interpuesto por M. Branchet. Barrios apoya el proyecto, pero a condición de que sean aseguradas todas las garantías indispensables para Nicaragua”[2].
La notable escritora, maestra y periodista, Josefa Toledo de Aguerri, presentó al doctor Modesto Barrios, en su Revista Femenina Ilustrada, como “Notable orador, jurisconsulto, estadista, escritor, pedagogo…”, siendo conocido en su tiempo como “el primer orador de la América Central”, según opinión de don Enrique Guzmán, y don José María Fonseca.
En sus 75 años, en el día de sus cumpleaños, el Instituto Nacional de Occidente (De Varones), le tributó un hermoso homenaje en cuyo acto central tuvo la intervención el insigne intelectual José María Fonseca, quien le hizo elogios diversos, entre ellos, dijo: “Fue un egregio paladín de la prensa, y como redactor de la Gaceta Oficial, y de multitud de periódicos independientes, se constituyó en vocero de las ideas reformistas que más tarde debían echar a tierra los prejuicios sociales y sistemas políticos detestables.”

Y si uno quisiera saber cuánto proyectó en obras y cuanto sirvió a la Patria, el doctor Modesto Barrios, pues lo mejor es contemplarlo en su breve biografía, escrita por don Juan Felipe Toruño, y una documentación bibliográfica estupenda.

[1]Introducción al estudio de Azul… Fidel Coloma González (p. 184)