LA VOZ DE LA BIBLIA EN RUBÉN DARÍO (1)

Foto: Dra. Concha Meléndez Poeta y Escritora

Por: José Antonio Luna
Editor www.escritoreslibres.org

“La voz de la Biblia no es en Rubén Darío solo
apropiada para hablar en versos a Teodoro Roosevelt”.
Concha Meléndez

Entre los ensayos temáticos acerca de Rubén Darío destaca: La voz de la biblia en Rubén Darío de la poetisa, ensayista, catedrática, dariista y crítica literaria puertorriqueña doctora Concha Meléndez (Caguas, 25 de enero 1895- San Juan, 26 de junio 1983) prolífera escritora graduada de la Universidad de Columbia de New York, con doctorado de la Universidad Nacional Autónoma, UNAM, de México.
La doctora Concha Meléndez, tenía 21 años cuando murió Rubén Darío (Metapa, 18 de enero 1867- León, 6 de febrero 1916) en León, Nicaragua. Concha conoció de primera mano detalles de la estadía del poeta a New York y de la visita de éste a la Universidad de Columbia.
En 1995 para conmemorar el centenario del nacimiento de Concha, la Universidad de Puerto Rico publicó una Antología titulada: Concha Meléndez y cartas de sus amigos donde se destacan sus ensayos sobre los escritores: Rubén Darío, Amado Nervo, Cesar Vallejo, Andrés Bello, Pablo Neruda, Juan Bosch, Gabriela Mistral, Jorge Mañach, Alfonso Reyes, etc.
Con: Mistral, Reyes, Bosch, Neruda, Federico de Onís y otros renombrados intelectuales tuvo relación personal y epistolar la destacada escritora; primera mujer incorporada a la Academia de la Lengua de su país y creadora de la cátedra de Estudios Hispanoamericanos de la Universidad de Puerto Rico.
La Voz de la Biblia en Rubén Darío es un ensayo desconocido en Nicaragua que descubre a un Rubén profundamente conocedor de la Biblia y sus
Misterios.
EL VIEJO TESTAMENTO
En su extenso y minucioso ensayo Concha Meléndez desde el comienzo establece su tesis de que Rubén Darío, como lo revela éste en su autobiografía, fue un lector dedicado y asiduo de la biblia. “No caminó en el mundo de la Biblia con el deslumbramiento transitorio de sus otros mundos: la Grecia de los griegos que amó menos que la de Francia, la tierra que llamó solares o el mundo de sus imaginarios “a un vago oriente por entrevistos barcos” preciosista y artificial. Su mundo bíblico fue más seguro y prometedor. No salió nunca de él como del encantado mundo de Prosas Profanas, porque buscó hasta el fin su luz en los profetas y salmistas, en las alegorías y las parábolas y, sobre todo, en Aquél que es Gloria y revelación en el inmenso relato y a Él confió su más alta esperanza”.
Esa verdad sobre la preferencia casi obsesiva de Rubén por la Biblia la reitera Concha Meléndez citando a Osvaldo Bazil Leiva quién fue compañero de jornada del poeta: Era casi su libro único y su lectura constante en muchos años. En todos los países donde llegaba adquiría un ejemplar de la Biblia. Exigía que fuera con el texto en latín con la traducción española al frente. Él no hablaba ni leía latín, pero lo entendía y poco y le gustaba citar en latín en sus escritos (Osvaldo Bazil, Biografía de Rubén Darío y sus amigos dominicanos, Colombia, ediciones Espiral, 1948.)
Agrega Meléndez: “tan ilimitada es la penetración bíblica en la poesía y la prosa de Rubén Darío, como parecía sin término la pampa de Sarmiento”.
Leyendo las Confesiones de Thomas De Quincey, cita Concha Meléndez; que por asociación el poeta encuentra inspiradoras las palabras hebreo e israelita.
“Las palabras hebreo e israelita, dice, despiertan en él opio del ensueño para mí, distintas evocaciones de seres y sucesos lejanos, animado cada cuadro por su especial poesía”
“Hebreo…Vastos éxodos. Moisés con sus dos grandes
cuernos luminosos; el viaje de un pueblo hacia una
tierra mejor perseguidos por los carros del faraón”.
“Israelita…Desde luego no sé por qué, se me encarna
Israel en una de aquellas vírgenes, que, envueltas en
largos mantos, iban con el cántaro al pozo. A los lejos
una perspectiva de palmeras o un paso de dromedarios.
Sara, Raquel o Lía, se presentan con sus finos perfiles.
Son seres que asumió mi infancia en las láminas de
las Biblias; mujeres blancas y bellas cerca de los
patriarcas barbudos y solemnes”.
(Rubén Darío, Sobre Israel, Escritos Inéditos recogidos en periódicos
de Buenos Aires y anotados por E. K. Mapes-1938)

Advierte Concha Meléndez que aunque en la obra de Rubén Darío existe una gran cantidad de citas bíblicas o relacionadas con la misma, “limitaré mis comentarios a aspectos más valiosos desde el punto de vista de la creación en verso y en prosa”.
Dice Meléndez que hay tres profetas más mencionados por Darío en su obra. Los “profetas evocados con más intensidad son Isaías, Jeremías y Ezequiel”.
En el poema La Cartuja, Darío se refiere al libro Lamentaciones del profeta Jeremías:
“La Soledad que amaba Jeremías
el misterioso profesor del llanto”.
(La Cartuja, Canto a la Argentina y otros poemas
415-417)
Comenta Concha Meléndez: “Jeremías previó el desastre de la destrucción de Jerusalén por Babilonia, por el Nabucodonosor que Darío compara con Alejandro y Teodoro Roosevelt”.

Refiriéndose al otro profeta evocado por Darío en sus poemas y prosa, dice Meléndez: Ezequiel, el primer gran visionario en la Biblia, clarividente, con extraordinarios poderes psíquicos, atrajo a Darío por su interés en el mundo de los sueños, título con que apareció uno de los libros póstumos del poeta. En un poema: El Salmo de la pluma dedicado a España, Madre Patria, que intentó componer sin terminarlo, en tantas partes como letras tiene el alfabeto hebreo, aparece Ezequiel.

llena de profecía, desciende a las entrañas
del pálido Ezequiel,
quien con la faz sañuda la visión invoca,
y siente que el volumen que traga en su boca
dulce como miel.”

Concha Meléndez visionando la importancia de la influencia del padre del modernismo y precursor del cosmopolitismo en las letras hispanoamericanas se remite a los primeros intelectuales estudiosos de la espiritualidad y religiosidad dariana: “Arturo Marasso ( La Rioja, 1890-Buenos Aires 1970), el único hasta donde he leído, que ha estudiado algunas de las influencias bíblicas en la creación poética de Darío, señaló las expresiones sugeridas por el profeta en el poema Israel, al cual volverá al entrar en el mundo del Nuevo Testamento sobre el tema de Jesucristo”.
Marasso es el profesor Argentino de literatura griega y española, que el novelista Julio Cortázar recordaba como su mentor que descubrió su vocación de escritor y le prestaba libros de Homero y Sófocles para que leyera.
Concha Meléndez la prolífera dariista puertorriqueña, nos descubre uno de los personajes pocos mencionados por otros estudiosos de Darío: David “el rey poeta” que para Darío “es mucho más que dador de tonos o iluminador de versos dentro de poemas; es motivo para la creación de poesía y ficciones en prosa”
En El Canto Errante, en la sección titulada: Ensueño hay un poema, dice Meléndez: “No es un ensueño ni una visión: es en verdad un sueño reproducido tal como el poeta lo soñó”. Sabido es la atención que Darío puso en las experiencias de lo que llamó “la segunda vida” después de haber leído el libro de Saintine sobre los sueños que lleva ese título.
La estrofa final del poema Hondas revela a Darío hondero del arte:

No tornó mi piedra al mundo.
Pero sin vacilar vino a mí el ave
querubín.
Partió herida-dijo- el alma
de Goliat, y vengo a ti
¡Soy el alma luminosa
de David!
Medita Meléndez: No hay vacilación en el ave querubín para volar hacia el poeta. La revelación expresa un deseo de Rubén animador de uno de sus temas frecuentes: la fuerza y el poder del brutal-Goliat-vencida por el espíritu, que en sentido bíblico fue la actividad que venció en David. Pero la alegoría tiene nuevo significado. Quien hiere el alma de Goliat es el que sueña: el alma de David, libre de persecución para siempre, acompañará al poeta y hay música de arpa y entonación de salmos junto a él.
Otro texto de Rubén sobre el rey poeta hebreo es “el cuento alegórico: El árbol del rey David donde reconstruye un día de la vejez de ese personaje bíblico que es tan conocido como Jesucristo, el rey poeta junto a la sulamita adolescente de Abisag.
Reitera Meléndez esa obsesiva predilección que desde la niñez impregnó al poeta Rubén Darío de los misteriosos y a veces enigmáticos mensajes de la biblia. Dice: todos los personajes importante del Antiguo Testamento desde Abraham a Salomón aparecen en algún verso o en una mención de la prosa dariana. Entre ellos ocupan mayor espacio Moisés, Job y Salomón.
Moisés atrae al Rubén adolescente. Abre la discusión sobre el dogma y la ciencia del soneto: ¿Quién vencerá?
También es Moisés el primer personaje bíblico a quien dedica un poema entero: La ley escrita. En el Sinaí vestido del relámpago, sin temor al trueno que retumba,
sale un hombre sereno
que avanza y sube por las rocas duras.

Dice Meléndez: Estos dos versos son los mejores del poema, pero todo él nos da la impresión honda de Rubén ante los mandamientos mosaicos, glosados brevemente aquí.

JOB
Job fue para el poeta algo más afín a su alma. El dolor de Job, sus lamentaciones, las hizo el poeta suyas en momentos de amargura de desolación. Es curioso que Job encabece el grupo que recibe a Víctor Hugo más allá de la muerte (poema: Víctor Hugo y la tumba)
Job, Esquilo, Homero, Tácito, Juan Pablo, Juvenal, Alighieri, Cervantes, Rebeláis. Sobre todos ellos Jesús.
Las huellas de Job puede encontrarse en el soneto: Melancolía donde el poeta se describe en un mundo amargo, con tinieblas en sus veredas y “titubeos de aliento y agonía”. El “nada cierto sabemos” de Job, es la congoja dominante en el poema Lo Fatal agravada por “ser sin rumbo cierto”, “ser y no saber”.
Es el año 1885. Darío mezcla en sus vastas lecturas al folclórico Job para él espejo donde mirar sus angustias.
Las aflicciones de Job por una aflicción en apariencia inmerecidas llevaron al poeta, como a todos los que leen el libro, a pensar sobre el significado y propósito de la vida. En el Nocturno, como ha visto Marasso, hay resonancias de uno de los pasajes más dramáticos de Job. Verso extraño que servirá para mirar otras visiones nocturnas en la montaña negra donde Rubén sitúa sus visiones…Job habla de “imaginaciones” nocturnas cuando el sueño cae sobre los hombres y le sobreviene un espanto y temblor:

Silencio de la noche, doloroso silencio
nocturno…Por qué el alma tiembla de tal manera?

Meléndez, deja constancia de la presencia de las mujeres bíblicas en la obra dariana, especialmente la poesía. “Las mujeres del Antiguo Testamento Ruth, Ester, Dalila con excepción de Abisag, la sulamita, pasan como dibujos rápidos. En el poema Heraldos, Ruth es anunciada por un paje con un lirio. El lirio aquí es el símbolo de la bondad y dación de Ruth en el otoño de Booz. Ester se nombra en el Lay a la manera de Johan de Torres en la purificación con perfumes durante seis meses con que se preparaban las vírgenes destinadas al rey persa. Dalila se asocial siempre a Sansón como cifra de engaño femenino”.
Darío también se inspiró en la reina-negra-Saba, personaje bíblico, que es objeto ahora de minuciosas investigaciones porque existe la posibilidad de que haya sido una reina etíope; eslabón perdido entre los faraones egipcios.
La doctora Meléndez cita Divagación poema de Prosas Profanas.

El SABIO SALOMÓN

Dice Meléndez que aunque la biblia no cuenta a la reina Saba entre las mujeres amantes de Salomón en el relato de su visita, sabemos que el rey le dio todo lo que ella pidió, además de lo que Salomón le diera. Y ella “se fue a su tierra con sus criados” (1 de Reyes. 13).
Darío uso poéticamente la leyenda de un episodio de amor entre el rey hermoso y la intrépida reina, que hizo un viaje de mil doscientas millas desde Arabia para poner a prueba la sabiduría y opulencia de Salomón. En la última estrofa de Divagación exclama el poeta nicaragüense.

Se mi reina de Saba, mi tesoro;
descansa en mis palacios solitarios.
Duerme. Yo encenderé tus incensarios
y junto a mi unicornio cuerno de oro
tendrán rosas y miel tus dromedarios.
La ve el poeta atravesando el desierto en la caravana de camellos de su visión ante la página blanca seguida del camello que lleva,

el cofre de ensueños, de perlas y oro
que conduce la reina Saba.

Que Rubén aceptó la leyenda de amor entre el rey sabio y su visitante fastuosa, lo evidencian los versos de la poesía de La negra Dominga.

fuego tiene que Venus alaba
y envidiará la reina de Saba
para el lecho del rey Salomón.

Una de las interpretaciones más interesantes sobre Salomón y la predilección de Darío por este mítico rey Bíblico, lo devela Concha Meléndez en su análisis sobre el cuento: El Salomón Negro. “Aprovecha con arte aquí El libro de los hechos de Salomón citado en la Biblia en el capítulo décimo del libro primero de Reyes. El Salomón de éste cuento tiene la sabiduría y esplendor tradicional con que aparece en la Biblia pero añade detalles tomados de la invención en la leyenda, como el anillo mágico y el poder de sus ensalmos. El tema es una de las tentaciones del rey, la mayor de todas, la negación de la existencia de Dios”.
El Salomón negro es la antítesis del blanco, amador de la verdad, mientras el otro “reina en la mentira” niega la pureza en que según el rey viven los animales del Señor, desmintiendo la creencia que cada uno declara. “Salomón en su Gloria nada puede contra mí”, termina el príncipe de la sombra.
La solución del cuento es inesperada. El Salomón negro dice llamarse también Federico Nietzsche. En su confusión el Salomón blanco se vuelve a Dios para sanar su desconcierto con la contemplación de la Verdad. El narrador deja que uno de los fabulosos pájaros que ama, aclare el sentido del cuento, el pájaro Simorg, que vuela desde las montañas de Kaf en su menester de predicador inmortal. Simorg habla en estilo bíblico:

Salomón, Salomón, has sido tentado. Consuélate:
regocíjate.
¡Tu esperanza está en David!

(El Salomón negro, Cuentos completos,
Edición de Ernesto Mejía Sánchez, México,
Fondo de cultura económico, 1952)

EL CANTAR DE LOS CANTARES

“Rubén leía la Biblia como artista, sin preocupaciones eruditas, como lectura dadora de sabiduría y belleza”, dice Meléndez en la introducción a la predilección de Darío por este libro del antiguo testamento. Y cita esta anécdota del profesor Edelberto Torres autor de “La dramática vida de Rubén Darío”, una de las mejores biografías del poeta.
“En una epidemia de viruelas, estando, convaleciendo del terrible mal, Darío, en la población de Santa Tecla en San Salvador, las mujeres que lo cuidaban le proporcionaron una Biblia que les pidió. Volvió a leer El Cantar de los Cantares y escribió un soneto que es uno de los mejores escritos en su adolescencia”.

Aroma puro y ámbar delicado,
miel sabrosa que liban las abejas,
lo blanco del vellón de las ovejas
lo fresco de las flores del ganado.
(El cantar de los Cantares, Poema de adolescencia)

ECLESIASTÉS
En el libro” Poema del Otoño y otros poemas Rubén Darío cita al libro bíblico Eclesiastés de Salomón que aparecerá reiteradamente en su poesía en su corta vida.
“El Eclesiastés penetra con intensidad en el primer poema de este libro, reapareciendo en otros como nota recurrente. Si el poema se compuso, como es probable, en 1909, el otoño para Darío empezó a los treinta y nueve años. El carpe diem de Horacio en él se vuelve prisa melancólica. No hay consistencia de pensamiento y orden lógico en El Eclesiastés. La nota dominante es la vanidad de todo, lo que el poeta del canto del otoño resume así:

¡Sí lo terreno acaba, en suma,
cielo o infierno
y nuestras vidas son la espuma
de un mar eterno!
(Dedicatoria, Poema del otoño,
Obras completas (Madrid, M. Aguilar, 1932)

En el poema Gaita galáica Rubén Darío reproduce con algunas variantes literalmente versículos del capítulo tercero de El Eclesiastés.
Ya nos lo dijo el Eclesiastés:

tiempo hay de todo: tiempo de amar,
tiempo de ganar, tiempo de perder,
tiempo de plantar, tiempo de coger,
tiempo de llorar, tiempo de reír,
tiempo de rasgar, tiempo de coser,
tiempo de nacer, tiempo de morir.

“El título Poema del otoño se aviene al contenido del libro con más rigor que el de los anteriores. Sigue resonando en tema estructural de todo él en la música de El clavicordio de la abuela que había adelantado en 1892 en las dos últimas estrofas, a la predica de El Eclesiastés “al pobre viajador”, explica Meléndez.

El Nuevo Testamento

En esta segunda parte, Concha Meléndez analiza la influencia del Nuevo Testamento en la poesía y prosa de Rubén Darío.
En el Nuevo Testamento Rubén Darío busca la gracia redentora del “perdonador de injurias”. Es el manantial de agua viviente donde encontró la luz de sus más bellas creaciones de inspiración bíblica.
Pero antes de entrar de lleno a escudriñar las influencias del Nuevo Testamento en la obra dariana, Meléndez patentiza la presencia de dos mujeres que tuvieron para el poeta “categoría de símbolos de aspectos del alma femenina, como son por ejemplo la marquesa Eulalia y la princesa adolescente de Prosas Profanas Herodías y Salomé”. Símbolos del amor carnal destacadas en el poema X en la sección otros poemas de Cantos de Vida y Esperanza y en el poema XIII donde “Salomé habita en el país de las alegorías: “alegoría eterna del poder de la atracción carnal de la mujer y del enigma espiritual”. En el país de las alegorías está también Juan el Bautista, “ante quien tiemblan los leones”, en el momento en que su cabeza recibe el hachazo certero. Para Salomé, el poeta idea una nueva muerte en un cuento fantástico: (La muerte de Salomé, Cuentos completos, 151-152) “el collar de oro en forma de víbora que lleva al cuello cobra vida, apretándole hasta separar su cabeza del cuerpo”. Es un cuento concebido y realizado sin gran eficacia narrativa y artística.

LA EPIFANÍA

Rubén Darío se introduce al Nuevo Testamento con la visión espiritual y misteriosa del poema Los tres Reyes Magos: “Entran en la obra poética de Darío en 1905 y lo hacen presentándose a sí mismos nombrando cada uno de él don que trae; afirmando la existencia de Dios y expresando su sabiduría cada uno en una declaración sobre el amor divino, el placer y la fortaleza de Dios en la verdad conocida después de la muerte”
Recurre Concha nuevamente a Arturo Marasso (Arturo Marasso, Rubén Darío y su creación poética, Argentina, Universidad Nacional de la Plata, 1934) para aclarar algunos detalles del poema que lleno de candidez plantea la adoración del hijo de Dios con la mansedumbre que los terrenales –aunque sean reyes-tiene con el redentor del mundo: Jesucristo.
Dice Meléndez que es posible como lo plantea Marasso que Darío haya sido influido por el texto medieval del siglo XII o XIII llamado “Auto de los Reyes Magos” para componer su “auto en miniatura” sobre los tres Reyes que fueron a Belén a adorar al niño Jesús.
Cabe aclara que: Auto de los Reyes Magos, también conocido como Representación de los Reyes Magos, es una primitiva pieza dramática toledana, escrita probablemente en el siglo XII. Se encontró en un códice en la biblioteca del Cabildo catedralicio de Toledo, por el canónigo don Felipe Fernández Vallejo y está en la Biblioteca Nacional de España. Se la considera la primera obra teatral castellana española.
La Epifanía caló profundamente la imaginación y la sed de misticismo en Darío que repite el tema de la Adoración de los Reyes Magos en el cuento “La Noche Buena”: “en la visión del hermano Longinos perdido bajo la sombra de la montaña negra, fuente para Rubén de visiones sobrenaturales”.
“En el cuento La rosa niña (La rosa niña, Rubén Darío, poesía, 428-430) como en el Cuento de Noche Buena, el don de la niña es una milagrosa transformación. Todo imaginativo fluir enriquecido por el manantial originario que el poeta crece en caudal con lecturas afines”.

EL PERDONADOR DE INJURIAS
Afirma Meléndez que es a Darío a quien debemos la designación de Jesucristo como el “perdonador de injurias”. “A Darío debemos este nuevo nombre de Jesucristo que podemos añadir a los que le dio proféticamente Isaías al anunciar su nacimiento”. En los poemas de adolescencia, la imagen de Jesús en la Calle de la Amargura, gimiendo después en la cruz, es la que impresiona. Esta común identificación de los grandes sufrimientos en el Calvario perdura revestida de sincera confesión en la extraordinaria Epístola a la señora de Leopoldo Lugones: ¿He tenido yo Cirineo en mi calvario?
Cabe recordar aquí que entre los libros de cabecera de Darío desde su juventud está la Biblia, de aquí que el poeta embebido de las “sagradas escrituras” recurra a ellas para expresar sus profundos dolores de su alma desde la juventud.
Una prueba más de la importancia de la Biblia en la obra dariana es Belén. “El lugar de nacimiento de Jesús es primero para el poeta esperanza de redención, después representa la gozosa vuelta a la ciudad de su niñez, León de Nicaragua y al fin la irremediable tristeza de verse lejos de todo lo que Belén significa”.
La primera vez que Darío usa a Belén como destino final está en el último verso del poema Inicial de Cantos de Vida y Esperanza… “hacia Belén la caravana pasa”.
Concha Meléndez ahora recurre al maestro Pedro Henríquez Ureña quien consideraba los Cantos de vida y Esperanza como “el credo moral del poeta”.
Meléndez, quien compartió personalmente con Alfonso Reyes-otro de los primeros estudiosos de la vida y obra de Rubén Darío-asegura que el mexicano confesaba que el trabajo de Henríquez Ureña es “un estudio no solo modelo de crítica, sino de la piedad y delicadeza, aunque no es una biografía, dice lo bastante del hombre para que lo comprendamos mejor. “Ve en los Cantos de Vida y Esperanza obra plena y melancólica de hombre”. Aquí también se habla del mejor retrato de Darío que hizo Julián del Casal en su “Páginas de Vida”. Y expresa en cuatro versos el mejor retrato de su amigo:

¡ígnea columna sigue mi paso cierto!
¡Salvadora creencia mi ánimo salva!
Yo sé que tras las olas me aguarda el puerto;
yo sé que tras la noche surgirá el alba.

Belén, el pueblito donde nació Jesús, destaca Meléndez, es para Darío la referencia constante de la existencia del “perdonador de injurias” como el bálsamo que lo redimía constantemente. Por eso el “ego sum lux, et veritas et vita” es citado tres veces en sus poemas. Él es la luz, el camino y la vida dice en el poema Pax. “La caravana que ve Darío hacia Belén-que significa en hebreo casa del pan- ha triunfado del rencor y de la muerte espiritual y física que el rencor produce. Si aceptamos el pan de vida, aceptamos el amor y la sabiduría que nos ofrece con él el Maestro”
En este minucioso recorrido por los textos bíblicos en la poesía de Rubén Darío la ensayista establece un antes y un después en la vida del poeta con el poema “La dulzura del Ángelus”.
“El perdonador de Injurias” sigue acompañando desde ahora al poeta, que cada vez más consciente de la necesidad de ser perdonado; con la amargura de la condenación de sí mismo más honda cada día. En la Historia de mis libros al comentar la poesía La dulzura de Ángelus dijo que ella presenta como refugio verdadero la creencia de la Divinidad y “purificación del alma y hasta de la naturaleza por la íntima gracia de la plegaria”. Buscó esa gracia purificadora en las poesías oracionales.
Esta transformación de Darío hacia el cristianismo está resumida en el poema Spes. “Entre todos Spes resume mejor la contrita petición de gracia, donde alumbra el recuerdo de las palabras perdonadora de Jesús a los que le torturaron en la crucifixión; a Dimas ofreciendo el paraíso.”
“El título Spes se define en la desesperada segunda estrofa, reveladora del espantoso horror de una agonía que en él se ha vuelto una obsesión. La esperanza del poeta es la misma de todos los que quieren ver, como Fray Luis de León “la verdad pura, sin velo”, libres de la prisión que ellos ven en la vida.
Aclara Meléndez que a esa imagen del Perdonador asoció siempre el poema Israel por el amor del poeta al pueblo bíblico. El soplo de la Biblia mueve con inefable voz la estrofa inicial:

¡Israel!, ¡Israel! ¿Cuándo de tu divina
faz en la sangre pura resbalará el diamante?
¿Cuándo el viento del río hará que el arpa cante
entre el concurso eterno de la brisa argentina?
Reminiscencias de Ezequiel y de Isaías fecundan las raíces de estos versos profundos.

EL SÍMBOLO DE LA CRUZ EN TRES POEMAS

Si los textos bíblicos contraponen el hedonismo dariano tan popularizado, el símbolo de la cruz de los cristianos está presentes en algunos poemas como evidencia de su devoción por ese personaje que de niño menciona en los tres Reyes Magos. “Como solución final de artística excelencia aparece la Cruz en el Responso a Paul Verlaine, en la elegía “En la muerte de Rafael Núñez” y En elogio de Fray Mamerto Esquiú.
Examinemos la magistral introducción que hace Cocha Meléndez a esta llamada “conversión de Darío”.
“En el responso a Verlaine encontramos con relieve culminante, la oscilación en que tanto ha insistido la crítica: el alma del poeta “entre la catedral y las ruinas paganas”; entre Dios y los dioses, frases del poeta mismo donde se ha visto una nivelación que reduce a una imagen poética mas, la estructura cristiana de su pensamiento. Sabe el poeta que los dioses que revivió están muertos entre las ruinas paganas y fue hazaña casi demiúrgica hacerlos revivir en su poesía.
Hay en un Frontispicio del libro Los Raros, recogido por Mapes en Escritos inéditos de Rubén Darío, que conviene estudiar en relación con el Responso y con el tema de los dioses mitológicos en la obra del poeta.
Allí presenta a Pan como dios aparecido, espectral, “porque las voces que un día anunciaron su muerte no mentían”. Ahí también está la descripción de “la negra montaña de las visiones hechizadas de luna” en que insiste su poesía. Poblada de espíritus errantes que sollozan, de ojos de fuego, sólo descubre sus secretos a los que “perdidos ¡ah! en la peregrinación” oyen “lo que brota de la boca sin labios de Pan espectral”.
Sobre estas visiones se levanta la Cruz vencedora y como el poeta Divina Psiquis el alma vuela entre la catedral y las ruinas paganas, pero al fin se posa “en un clavo de nuestro Señor”. Esa es la solución del Responso. El poeta ha estado diciendo todo lo que debe embellecer la tumba de Verlaine, todo lo que su corazón desea que defina esa tumba. Al evocar la montaña negra de las visiones, quiere ver el rostro de ultratumba de Verlaine bañado de la luz compasiva, blanca, insinuadora de perdón, quiere que huya del tropel de centauros, para que la música pánica se ajuste a la música de los astros y el Sátiro espectral pueda contemplar:

¡una cruz que se eleve cubriendo el horizonte
y un resplandor de la Cruz!

EL APOCALIPSIS DE JUAN
La poética revelación de Juan en Patmos, con sus prodigios y espantos, también se trasluce en numerosas imágenes en el conjunto de la obra poética dariana. El tono es inconfundible en los poemas: Santa Elena de Montenegro, Canto de esperanza y A Francia.
A la segunda venida de Cristo aludió repetidas veces Rubén, no solo en su poesía sino en la prosa de crónicas. “El canto de Esperanza es reaparición del espíritu apocalíptico en la moderna visión de un poeta que mira su tiempo bajo la inminencia del milenio y ve augurios de guerra, peste y locura en una humanidad hundida en pozo de sombras para odiar y destruir”
El poeta piensa en el Anticristo y en el caballo blanco del Apocalipsis identificando al jinete que lo monta con Jesucristo.
El poeta quiere oír el clarín divino anunciador de la venida salvadora para darse en la entrega significada en el verso de suprema, amorosa devoción:

“Mi corazón será brasa de su incensario”

DARÍO, TAL CUAL LA BIBLIA DICE

En el poema Retorno, Darío hace alusión de Jesucristo niño Dios, rememorando cuando participó en su León natal en las fiestas de la Epifanía:

Bendito el dromedario que a través del desierto
condujera al Rey Mago de aureolada sien
y que se dirigía por el camino cierto
en que el astro de oro conducía a Belén.

“Tal cual la Biblia dice, ideó un cuento, “Un Sermón” con el mismo recurso de sorpresa al final que usó en El Sermón negro. En Un Sermón identifica al predicador de la Basílica de San Pedro en Roma con Castelar. El tercer párrafo del cuento sintetiza las voces bíblicas desde el Génesis hasta el Apocalipsis”.
Agrega Meléndez este detalla a un Darío excelso inspirado en la Biblia:
“El salmo florido o terrible; el proverbio sabio; el cántico todo manzanas rosas y mirra de donde hizo volar el orador una bandada de palomas”.
Aquí Meléndez nos revela un cuento poco conocido de Darío titulado: La Pesca, donde Jesús es el personaje:
¿Y qué decir del cuento La Pesca, parodia encantadora donde Jesús reaparece repitiendo el milagro de la red henchida cuando se hundió en lo profundo?
Meléndez, profundiza en el calvario de Darío que terminará en febrero de 1916. “Mas ha llegado el momento de la Canción de otoño a la entrada del invierno (Canción de otoño a la entrada del invierno, Rubén Darío, poesía, 477-478).
“El poeta enfermo se siente triste hasta la muerte en su Getsemaní final. Ha escrito en 1915 La queja del establo, cuento en verso donde los animales que ofrecieron sus alimentos y su vaho al Niño Santo, dialogan con tristeza sobre su destino terrenal y son consolados por un ángel al descubrirles un secreto de Dios:

Vosotros que en Belén fuisteis por nuestra Luz
os juntaréis con quien compartiera su Cruz,
y allá en el sacro Empíreo donde o lleve el deseo
¡os llevará a pastar San Simón Cirineo ¡

El año 1915 le propone augurios dolorosos a Darío. En ese año escribió para las conferencias que proyectaba ofrecer en las dos Américas por la paz del mundo; el poema Pax donde “la bíblica inmensidad” es la sustancia más evidente, mezclándose con el panorama sombrío de la Primera Guerra Mundial. En el frio invierno de New York escribe en el álbum de la señora Huntington el “Soneto Pascual”.
“Es el epílogo mejor que he encontrado por este viaje por el mundo de la Biblia en Rubén Darío”, aclara Concha Meléndez.
Agrega:
María y José miran en los ojos del Niño el milagro anunciado por la estrella. No ven, como el poeta, el martirio futuro que le espera.
A estas alturas de su vida llena de sorpresa dolorosas y abandonos el poeta vislumbra en la alegoría del nacimiento de Jesús, el final que tendrá el Salvador del mundo quien será colgado en el madero en una crucifixión…sin compasión.
Para corroborar la desesperanza de Darío, “los tercetos no admiten la paráfrasis. Es inefable el enlace que ve el poeta entre lo que parece una procesión vista en su niñez con una pintura de lírica suavidad”.

Esa visión en mi se alza y se multiplica
en detalles preciosos y en mil prodigios rica
por la cierta esperanza de más divino bien
de la Virgen, el niño y el San José proscripto;
y yo, en mi pobre burro caminando hacia Egipto
y sin estrella ahora, muy lejos de Belén.

Los dos versos finales son indicio de la desesperanza irremediable y la amargura mortal de este tiempo último de su vida.
Al llegar al término de este viaje por el mundo bíblico del poeta mis ojos leen una inquietante advertencia suya:

Mi vida como Asuero a Ester
maceré con sagrados ungüentos.
Nadie has visto mis pensamientos
del modo que deben ser.

Meléndez advierte que: ¡Ojalá que este examen de sus pensamientos-los de Darío- los haya visto del modo que se deben ver! ¡Ojalá que mi modo de ver me haya dado la luz cierta!

(1) Concha Meléndez, Antología y cartas de sus amigos,
Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1995.
“La voz de la biblia en Rubén Darío”,
Poetas hispanoamericanos diversos, 1971
(pág-121-145.) Ensayo.

JALuna
Periodista, ensayista y poeta
Fundador y Editor de www.escritoreslibres.org
Tampa, Florida, noviembre 2020